Obituario

Manuel Barrios, en el corazón de la narrativa andaluza

Precisamente hace dos días me dijo José Carlos Fernández que estaba mal Manolo Barrios. Ayer murió. Puede que haya sido el último de los ‘narraluces’, o de los últimos de una promoción surgida a la sombra del boom que supuso la novela latinoamericana, un verdadero boom con dos premios Nobel y una riada de maravillosa literatura en lengua española. Pienso inevitablemente en mi maestro, inolvidable amigo, Luis Berenguer. Y en Alfonso Grosso, un gigante finalmente roto en su propio olvido. También en José María Requena, amigo de toda su vida sevillana de Manuel Barrios, grandísimo ser humano, excelente escritor. Y Fernando Quiñones, la sal y la gracia, y el arte, de ese grupo un poco agavillado a la fuerza. Como José Asenjo Sedano, como los hermanos Cuevas, Aquilino Duque, José María Vaz de Soto, Manuel Ferrán, Antonio Burgos, Antonio Hernández, Ortiz de Lanzagorta... Y puesto a poner y seguir poniendo, al gran José Manuel Caballero Bonald, siempre escéptico, siempre marginal y más en el Grupo de Barral que en la ‘narralucía’ pero extraordinario narrador, maravilloso poeta. Andaluz.

Manuel Barrios, que ya en 1963 fue finalista del Nadal con El crimen, obtendría con su Epitafio para un señorito el Ateneo de Sevilla de 1972. Le siguieron libros muy importantes, pegado siempre al momento histórico, con una mirada muchas veces descarnada sobre el pasado inmediato y el presente que cada vez más lo fue desencantando. Son muchos, muchísimos los títulos que salieron de su imaginación, su observación y su exasperación por lo que -como periodista- iba viendo.

Había nacido en San Fernando, en 1924. Pero su oficio lo llevó a Sevilla, en donde ha fallecido, en donde vivió prácticamente toda la vida. Sobre su ciudad natal siempre mantuvo una mirada llena de ternura y algunas veces se allegó hasta allí para hablar de sí mismo, de sus recuerdos de la Isla y de sus libros.

Durante años se las tuvo tiesas al ‘establecimiento’ andaluz, lo que le valió muchos desengaños y disgustos. Luego se calló, dejó de publicar sus columnas en el Abc sevillano. Fernando Villalón, Miguel de Mañara y Los secretos de alcoba de los borbones (para mayores de 50 años), de 2010, son -creo- sus últimos libros.

Pero cuando Manuel Fossati me ha llamado para decirme que Manuel Barrios había fallecido y que le escribiera unas palabras, de pronto, sobreponiéndome a una noticia en cierto modo esperada, he recordado los años 70, el nacimiento de una pléyade de narradores que tomaron todos los caminos pero que escribieron desde Andalucía, con la mirada puesta en la magia de las palabras con las que se representan los mundos, haciendo del microcosmos andaluz el espejo en donde mirar lo que se iba, lo que venía. Un poco al modo machadiano, también para echar abajo el lastre que nos atenazaba.

En la historia de la literatura española está ya Manuel Barrios, con todo merecimiento. Y en el corazón que siempre late de la cultura andaluza, a la que tanto contribuyeron todos estos escritores narraluces y tantos y tantos poetas.

Cuando pasen los días de luto municipal, ojalá que su ciudad natal y su Andalucía amada lo lean con la distancia y el afecto que sin duda merece.

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