Manolo Caracol y la peña 'Enrique el Mellizo'

Para unos el cante, baile y toque flamenco es algo superficial, sin interés cultural, cosas del pueblo. Para otros es un fenómeno trascendente en la cultura andaluza, y más concretamente, en la gaditana -Cádiz fue su cuna-. Primero fue la expresión popular, después, la escrita, la encerrada en reglas y normas. Y, por último, la unificación de ambas expresiones.

Y esto es lo que va a suceder en esta jornada de estudios flamencos patrocinada por el Aula de Cultura Flamenca de El Mellizo que se ha de desarrollar en el Salón de Plenos o en el Salón Regio del Palacio Provincial. En esta Semana se aúnan dos realidades esenciales: una, encarnada en el cantaor Manolo Caracol, miembro de una dinastía de cantaores que nos lleva, ¡nada menos!, que al siglo XVIII en el que aparece la figura de un gitano llamado El Planeta, raíz de un arte y de una estirpe de cantaores, bailaores y toreros que llega hasta nuestros días: la de los Ortega, que se entroncará en cerrada endogamia con otras familias que todavía perviven en nuestra ciudad: Feria, Fernández, Espeleta, Monjes, Ginetos..., endogamia que hizo nacer una forma de expresión popular diferente: el cante jondo

De otra, el reconocimiento de ese sabor popular, su estudio y su difusión: Los Machados -padre e hijos-. Los Álvarez Quintero, Ruiz Aguilera, Rodríguez Marín, González Climent -con su tratado titulado orgullosamente Flamencología- Pemán y un largo etcétera que con fantasía primero, luego con imaginación y posteriormente con el rigor científico que viene demostrando la especialidad actual, intelectualizan ese sabor para mutarlo en saber

El flamenco, desde sus orígenes humilde se engrandece en la voz de sus más geniales intérpretes, atraviesa fronteras, se expande por el mundo y se nobiliza. Desde las fiestas en patios y azoteas hasta la misa. Se hace sacro, divino.

Por el otro lado se hace objeto de estudios profundos y ya a principios del pasado siglo el Ateneo de Madrid se digna en aceptar la célebre conferencia de Rodríguez Marín; surgen periodistas especializados, la Universidad lo acoge con la misma pasión que Menéndez Pidal acogió el estudio de nuestro romancero, Falla y García Lorca promueve el célebre concurso de Granada y José María Pemán y León de Carranza el I Concurso Nacional de Cante por Alegrías de Cádiz

Y la peña Enrique el Mellizo que aúna, el sabor popular con sus ya famosos Jueves Flamencos y el saber, en sus Semanas Culturales y todo ello en un marco suntuoso, bello y sublime: El Real Club Náutico, El Baluarte de la Candelaria, el Teatro José María Pemán en el Parque de Genovés, los salones de la Diputación Provincial, el Gran Teatro Falla..., manteniendo viva la tradición de este arte y esta cultura que nació con las familias gitanas del barrio de Santa María y muy especialmente con la de los Ortegas con un amplio bagaje de cantaores, bailaoras y toreros -los Gallos-.

Y Manolo Caracol, el heredero, el rey, el que llevaba en su garganta los ecos de los de su linaje que le antecedieron, el que recogió una tradición endogámica que se extendió por Cádiz, Jerez y Sevilla, para luego motivar la pluma de los más insignes escritores.

Lástima la desaparición de la revista editada por esta peña Er compá verdadero cronista de esta cultura en cuyas páginas se recogían estudios del ayer y la vida flamenca del presente para conocimiento de las generaciones futuras.

Casi tres siglos de cante flamenco se van a condensar en esta Semana del Mellizo representado en la ya legendaria figura de Manolo Caracol, y cerca de dos en el interés de poeta, escritores y musicólogos. Los nombres de los conferenciantes de esta edición así lo hacen prever: Antonio Barberán, Antonio Murciano y Félix Grande.

Esta Semana del Mellizo es todo un acontecimiento para todas las culturas que hicieron posible que Cádiz sea como es.

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