Mal tiempo, lindas canciones

  • Gary Louris y Mark Olson emocionaron en La Bomba con un cálido concierto en la noche más fría, que cerró el ciclo musical del Doce organizado por Diputación

A la hora de las guitarras añejas y los juegos de voces había cuatro pingüinos por las calles de Cádiz. En La Bomba, aulario de recogida del notable ciclo musical gratuito organizado con la excusa del Doce, varios cientos de valientes entonaban la dolce gélida junto a un par de compis de toda la vida: Gary Louris y Mark Olson, reconciliados para gozo de los admiradores de Jayhawks y sus secuelas. Preparados para el diluvio, como el título del álbum que materializa la reunión de ambas figuras del country rock americano, aunque no tanto para el relente, los músicos acallaron el murmullo del bar a las primeras de cambio. En tiempos de cháchara y destructivo ruido de fondo, tiene mucho mérito. La gente fue a escuchar. Y a tararear algunas de las piezas de su banda sonora vital. Los artistas, por contra, vivieron su momento, y no el de las nostalgias, e interpretaron su nuevo disco enterito, si bien compensaron al variopinto y madurito personal con granados temas de su fructífera relación creativa. A riesgo de caer en monotonías o sensaciones dispares con composiciones nada fáciles pero primas hermanas de las que acostumbraban a compartir, en formato rigurosamente acústico, Louris y Olson no recurrieron en exceso al pasado. Emocionaron, sin llegar a extremos, acaso más rodados y compaginados que al comienzo de su gira hispana. "Beautiful country, beautiful time", confesaba Olson a los postres. Louris, como vive medio año en El Puerto de Santa María, tuvo palabras para los portuenses, para su amigo el productor Paco Loco y para los "friends de Puerto Real", con el alcalde Barroso en la sala. Sepan los desmemoriados que Jayhawks tocó en Puerto Real a mediados de los noventa. Quizá algunos estadounidenses o españolitos de las primeras filas, los mismos que reclamaban piezas del ayer cuando el concierto se ponía un poco plomizo para los no iniciados, estuvieran presentes aquella noche. Hoy como ayer.

Sin la percusión que utilizaron en los primeros conciertos de la gira pero con pañuelos al cuello y a la cabeza, respectivamente, el lírico Gary y el rítmico Mark, ambos dos relajados y burlones, combatieron la humedad con su colección de voces calientes. Olson jamás tiritó, pese a sus mangas cortas. Tiene que hacer un frío del Caribe allá por Minneapolis. Anteanoche la música de estos talentos de la música americana se antojó terapéutica: ni frenadoles, ni nolotiles, ni actimeles: la gente salió mejorcita de lo suyo tras un centenar de minutos de grandes canciones. A saber. Tocaron todas y cada una de las piezas de Ready for the flood y joyas pretéritas incluidas en sus álbumes legendarios Tomorrow the green grass y Hollywood town hall, aunque se hicieron de rogar hasta cantar Waiting for the sun, Over my shoulder o Two hearts, sin desdeñar la inmensa Sister cry o la celebrada Blue, que integró la generosa tanda de bises.

Destacaron sobremanera, de igual modo, temas nuevos como Bicycle o Black eyes, producidos por el gran Chris Robinson de los Black Crowes, pero brillaron por su ausencia las referencias al extraordinario Rainy day music, que firmaron los Jayhawks ya sin Olson, y que Louris recordó en el memorable concierto que ofreció en junio en El Puerto, o determinadas composiciones de éste en solitario. Ellos venían a cantar y a vender su disco, con todas las de la ley. Y como el mercado está tan chungo y la industria sigue sin enterarse, Olson hizo propaganda en la escena, incluso animó a la gente a comprar el disco vía email.

Al tiempo, la gente se mostró cercana, "¡qué bonito, hijo!", y celebró hasta las canciones tristes, para rematar la noche con Bad time, la versión del legendario tema de los Grand Funk Railroad. Malos tiempos para el amor, la lírica, los coches, el ladrillo, la verdad y las morenas arrepentidas. Cálidos y a su libre albedrío, Louris y Olson sanaron heridas y dejaron un gusto agridulce la mar de curioso. Afuera, al día siguiente, los socavones de Santa Bárbara se transformaban en estalagmitas.

ealcina.blogspot.com

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