Mágicas palabras

No cabe duda que la apuesta de la compañía sevillana La Fundición por versionar a los grandes autores andaluces, lleva aparejado el riesgo a lo desconocido como punto de partida, y la satisfacción posterior, si lo engendrado es capaz de remover las sensibilidades de los públicos finalistas del producto. Ítem más, el riesgo crece en proporción al conocimiento que se tenga, como es el caso, de la obra escogida.

Este clásico de la producción teatral de Federico García Lorca adaptado y llevado a escena por el prestigioso y laureado actor y director sevillano Pedro Álvarez-Ossorio Rojas-Marcos, es una obra en su concepción llena de sensualidad y tremendamente poética, como la mayoría de las escritas por el poeta y dramaturgo granadino.

En esta "aleluya erótica", como la denominó el mismo Lorca, sobre un planteamiento de comedia de situación el autor profundiza en la soledad, el amor, el sexo y la vejez desde el personaje del anciano soltero Don Perlimplín, temeroso de las mujeres pero que va a desposarse con su joven vecina Belisa, inducido por su criada Marcolfa. Cuando descubre que ésta le engaña con otros galanes, trama un ingenioso juego para recuperar su amor.

Con una original puesta en escena en donde la iluminación y el movimiento de telas a través de poleas colgantes crean distintos nichos escénicos que dan continuidad al desarrollo de la trama, la concepción teatral del texto dramático no consigue calar en el espectador en la medida que cabía esperar y como consecuencia de esto, el conjunto del espectáculo pierde la frescura necesaria para captar en su totalidad la atención de los asistentes.

No obstante la incorporación de dos duendes que trasiegan y manejan hábilmente los sentimientos y las pasiones de los distintos personajes, dan un colorido especial a una propuesta en donde las rendijas de hoy esperemos no sean la oscuridad de mañana. Así y todo el elenco actoral se esforzó lo suyo para hacer sentir el amor a través del ojo de una cerradura y lanzar a modo de sentencia, que el alma es el patrimonio de los débiles. El cornudo Perlimplín perdió la oportunidad única de huir del año que viene.

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