Mafalda le concede a Quino el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación

  • El jurado destacó cómo el popular personaje "ve lo complejo del mundo con ojos infantiles"

La condición universal de Mafalda, una niña "inteligente, irónica, inconformista, contestataria y sensible" que sueña con cambiar el mundo ha pesado de forma decisiva para que su creador, Joaquín Salvador Lavado 'Quino', fuese reconocido ayer con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

Esta es la primera vez que este galardón recae en un humorista gráfico y dibujante como es Quino (Mendoza, Argentina, 1932), aunque en ediciones ya fueron candidatos a este galardón otros como Mingote o Forges.

El jurado, presidido por el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, ha querido en esta ocasión saldar la deuda que tenía pendiente con este género y, prácticamente por unanimidad, ha reconocido el trabajo de este dibujante multipremiado, que alcanzó fama internacional con la creación del universo de Mafalda.

El acta del jurado destaca cómo esa niña de melena corta y negra, vestida con trajes de lunares, "percibe la complejidad del mundo desde la sencillez de los ojos infantiles" y cómo sueña con cambiarlo por otro "más digno, justo y respetuoso con los Derechos Humanos".

"Al cumplirse el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de Quino siguen vigentes por haber combinado con sabiduría la simplicidad en el trazo del dibujo con la profundidad de su pensamiento", señala el jurado en su acta, en el que destaca también el "enorme valor educativo" de su obra y de unos personajes que "trascienden cualquier geografía, edad y condición".

Mafalda apareció por primera vez en Gregorio, el suplemento de humor de la revista Leoplán el 29 de septiembre de 1964, y pasó a publicarse regularmente en el semanal Primera Plana, de Buenos Aires. La niña rebelde que se ha convertido en uno de los mayores iconos de la cultura popular nació de un encargo para una compañía de electrodomésticos quería un personaje que comenzara con "M", la inicial de Mansfield, que no llegó nunca a publicarse porque la firma fracasó.

Sin embargo, Mafalda fue creciendo y reflejando el mundo que le rodeaba en los años 60, las inquietudes sociales y políticas de una familia de clase media argentina, tan comunes a tantas sociedades: la injusticia, la guerra, el racismo...

Sus amigos, el materialista Manolito; el soñador Felipe; la chismosa Susanita; el inocente Miguelito; el tierno Guille, y la izquierdista Libertad, ayudaron al componer un mosaico social que trascendió fronteras, pues las tiras fueron traducidas a 30 idiomas y llevadas al cine y la televisión.

A Quino siempre le ha admirado que la gente le agradezca cómo sus historietas les abrieron "la cabeza y el pensamiento", porque asegura que él nunca fue muy consciente del alcance de su labor: "Yo hacía mi trabajo y nada más", señala el dibujante, que se leía cada mañana "tres o cuatro periódicos" para inspirarse y que apunta como único mérito el tener "una especie de antenita" para saber captar el ambiente.

A diferencia de otros colegas, que hicieron perdurar sus tiras apoyándose en guionistas y dibujantes, Quino se resistió a perder el contacto directo con su creación. Así, la enemiga acérrima de la sopa se despidió oficialmente en 1973. "Dibujar siempre el mismo personaje también es una cosa muy pesada, las páginas de humor que uno hacía cada semana con un personaje distinto y con temas distintos era mucho más creativo, más entretenido y más libre".

Heredero, según dice, del carácter trágico y el humor negro de Andalucía, Quino nació en Mendoza, en el oeste de Argentina, en 1932, año en el que sus padres llegaron al país. Con seis décadas de trayectoria, ha publicado numerosos libros de humor como ¡A mí no me grite!, Bien, gracias, ¿y usted?, Ni arte ni parte, Gente en su sitio, Potentes, prepotentes e impotentes, Yo no fui o ¿Quién anda ahí?.

Entre sus temas recurrentes, Quino enfrenta al lector con lo absurdo del mundo moderno, la burocracia y las instituciones inútiles, la hipocresía del poder y las desigualdades sociales.

La candidatura de Quino, que había sido propuesta por el catedrático de Geografía y demógrafo Rafael Puyol, se impuso en las últimas votaciones al periodista mexicano Jacobo Zabludovsky, al filósofo Emilio Lledó, la periodista congoleña Caddy Adzuba y el biólogo Francisco José Ayala. El premio consiste en una escultura de Miró y 50.000 euros.

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