Lección de vida en cuerpo y alma, veraz y demoledora

Es cierto que, por mucho que intentemos dulcificarla, la existencia humana sigue formando parte del mismo holocausto silencioso que es el resto de la naturaleza. Y hay veces que asumir esta certeza sirve, no tanto para hundirnos, como para apreciar los pocos -y en numeras ocasiones, inconscientes- momentos de plenitud, y para congraciarnos con el resto del género humano -formado por seres tan atónitos y torpes como nosotros mismos-. Eso es lo que consigue, entre otras muchas cosas, Marta Sanz (Madrid, 1967), con La lección de anatomía. Un relato autobiográfico realizado en la idea de que la literatura sirve para "hacer visibles las cosas ya visibles". Y hace evidentes, en efecto, lo visceral y el asco, el temblor con el que vamos caminando. Todas las cobardías y el valor de las pocas lealtades con las que contamos, que son suaves y apenas perceptibles. El libro de Sanz incide en la realidad de los años primeros como territorio terrible y mitificado, en las muchas soledades y en la valía del espíritu de cada uno. Todo ello narrado de tal forma que se tiene la sensación de que la autora -tan innegablemente ella, además- es nuestra propia voz que habla.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios