Larga vida a Serrat

  • El cantautor catalán celebró sus 50 años sobre las tablas en el segundo de los Conciertos para la Libertad, con Javier Ruibal, Dani Martín y Pasión Vega como invitados.

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"¡Larga vida a Serrat!". "¡Viva Serrat!". "Que vivan ustedes, que vivan ellos y que vivan las madres que os parieron a todos". Piropos de ida y vuelta. Entres los protagonistas, arriba de las tablas. Entre público y artistas. El Castillo de San Sebastián era una Fiesta. Una doble fiesta. La de los 50 años de escenarios del trovador catalán y la que tenían montada, para su gloria, Javier Ruibal, Dani Martín, Pasión Vega y el propio Joan Manuel Serrat subiendo y bajando en cuarteto la cuesta que el respetable se conocía de memoria. El segundo concierto del ciclo Conciertos para la Libertad se convirtió en celebración. Celebración de la vida, de la vida artística de Serrat y de la vida de cada uno de los presentes cuajada, pespunteada, asaetada golpe a golpe y verso a verso por las canciones de esta leyenda viviente y por los poetas que él se encargó de poner en valor en los tiempos en los que esta expresión tenía algún sentido.

Algo más de dos horas los mantuvo Serrat en la máquina del tiempo. Algo más de dos horas que comenzaron con las vueltas de El carrusel del Furo y que culminarían con un buen manojito de bises, entre ellos, la estremecedora Aquellas pequeñas cosas y su emocionante musicalización del Cantares de Machado.

Entre una y otras, una "pequeña antología", tildó, una selección "desordenada" de medio siglo de himnos de una generación, de temas inmortales, de bandas sonoras de unos y otros, que se besan junto al faro de San Sebastián, como de quedito, que se agarran las manos y que se emocionan en silencio.

Joan Manuel cantaba y contaba y les explicaba que De vez en cuando la vida, que Hoy por ti y mañana por mí, que Tu nombre me sabe a hierba. Les relataba la historia de un Pueblo blanco y de Mi niñez (la suya, claro), y que hay mujeres peligrosas De cartón piedra y otras como Merceditas que le jodió la vida a Curro el palmo en el Romance que Serrat entona aún, con la de años que han pasado, con el mismo dolor del primer día de puñalada.

Porque hay heridas que no se cierran o acaso se escriben para que siempre permanezcan abiertas, como advertencias, como los cuentos populares. Y duele Niño silvestre y las palabras de su autor que las antecede, recordando que "la mayor parte de los niños del mundo son pobres y que la mayor parte de los pobres del mundo son niños".

Y de desigualdades y de clases, o como sea que ahora las quieran llamar, se acordó Serrat con Disculpe señor, una pieza con la que cumplió una petición muy especial, la del alcalde de Cádiz, José María González, que minutos antes de comenzar el concierto saludó al artista y le solicitó, si le fuera posible, el tema. Deseo concedido.

Unas canciones antes, Algo personal recordaba al respetable, para sonrojo social, lo poquito que ha cambiado el panorama desde que su autor pariera el desafío. "...que toca apretarse el cinturón cuando en bolsa caen sus acciones..." ¿se acuerdan de la letra? Creo que entre esos tipos y yo también hay algo personal.

Se sucedían los pedacitos de historia con un Serrat que se esforzaba por sonar a Serrat, con esa calidez y ternura tan suya. Y con simpatía. Que tuvo sus toquecitos de ánge el cantautor. Como recordando otras onomásticas que se cumplen en 2015 como la de Orson Welles, Santiago Carrillo, Pinochet, la de la invención del neón (quizás por eso sólo fue el elemento escenográfico destacable, unos tubos donde se intuía su rúbrica) y los 1.000 años de la primera Reina de Aragón, confesando que el dato lo había encontrado "en la wikipedia".

No hago otra cosa que pensar en ti y la gloriosa Mediterráneo emocionaron a los asistentes tanto como la separata catalana, Conço de Bressol, Paraules d´amor y Ara que tinc vint anys (y la simpática historia de su título).

Conmovidos. Y sorprendidos cuando Dani Martín, Javier Ruibal y Pasión Vega fueron pasando a escena para cantar a dúo con el protagonista Señora, Lucía y Es caprichoso el azar, respectivamente. Y aunque los dos invitados estuvieron a la altura, la mujer de la noche logró levantar de sus asientos a no pocos espectadores que quedaron extasiados con esas benignas jugarretas del destino en boca de dos aterciopeladas gargantas.

Fiesta. Fiesta subiendo y bajando la cuesta para despedir a los invitados y Hoy puede ser un gran día para decir adiós, oficialmente, al concierto antes de los bises, antes de los poetas, antes de que le desearan una larga vida. Que queda mucho por contar y por cantar.

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