Juego de evocaciones y memoria de la mano de Eva Gundersen

  • Manuel Ramos Ortega presentó ayer en la APC su última novela, 'Mi vida sin Eva Gundersen', una recreación histórica que homenajea a Hitchcock y el cine negro

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La relación entre imagen y palabra es tan fuerte que la mayor parte de las historias surgen de una escena. En el caso de la última novela de Manuel Ramos Ortega (Cádiz, 1948), esa estampa es la del antiguo Cementerio de los Ingleses. "Un lugar -evoca el autor- que nos daba miedo de pequeños, y reunía aun más carga mitológica porque allí enterraban a los protestantes, no a los 'auténticos' cristianos. De hecho -continúa Ramos-, ese fue el primer título que pensamos para el libro, pero se parecía demasiado a El camino de los ingleses, de Antonio Soler. Una comparación en la que, para colmo, yo habría salido perdiendo".

Mi vida sin Eva Gundersen (Paréntesis Editorial) es una obra trazada sobre numerosas evocaciones. El desaparecido camposanto es una. La imagen de una mujer ahogada en la playa, que Ramos aún recuerda, otra. El rostro de Kim Novack en De entre los muertos también cuenta: "El recuerdo de De entre los muertos (Vértigo) ha sido también fundamental -prosigue el autor-. La película, en su estreno, fue clasificada como "peligrosa", así que cuando mis padres volvieron de verla, yo escuchaba fascinado todo lo que me decían".

"Y es que el gran tema de Mi vida sin Eva Gundersen es la memoria perdida, metida en el entorno -apunta Ramos-. La película de Hitchcock inauguró para mí, además, esos conceptos tan evocadores literariamente hablando: el tema del doble, del amor, de la muerte y el regreso del más allá y, sobre todo, de las segundas oportunidades. Porque todos tenemos, si no la obligación, el derecho a tener una segunda oportunidad en la vida".

Otro elemento clave en la historia es el Cádiz brumoso e inquietante de los días de lluvia: "Cádiz es una ciudad muy melancólica y está desperdiciada, tal vez menos cinematográficamente, pero sí literariamente -explica el escritor-. Sería estupendo, por ejemplo, hacer un Conde de Montecristo en el castillo de San Sebastián".

Mi vida sin Eva Gundersen conjetura, además, sobre el exilio de nacionalsocialistas alemanes en la costa gaditana, en la España de los años sesenta. "Históricamente, siempre se ha hablado del litoral malagueño y de Atlanterra como lugares a los que acudieron a refugiarse antiguos nazis -explica Manuel Ramos-. En la novela, recreo la visita de las hijas del cónsul alemán a Cádiz (aunque una de ellas no puede desplazarse, porque está paralítica), donde entran en contacto con la comunidad alemana establecida en la zona y que resulta, por supuesto, algo truculenta".

Es ahí donde se desarrolla el thriller de esta historia, cuya trama transcurre, en buena parte, en el Hotel Playa, que ejercía entonces como uno de los centros sociales de la ciudad: "Pero no es una novela histórica -indica Ramos-. Impostaría mi voz si quisiera hacerlo así".

Manuel Ramos, catedrático en Literatura Española y profesor de Género Narrativo, destaca que esta es una novela que tiene mucho más de cinematográfica que de literaria: "Para mi generación, el cine como elemento narrativo fue muy importante porque, para colmo, estábamos desgajados de gran parte de la literatura que se hacía entonces... -explica-. Además de tener un ritmo muy cinematográfico y de ser muy visual, Mi vida sin Eva Gundersen ofrece numerosos guiños al cine. Tiene influencia importante del género negro. Hay incluso algunos rostros conocidos del cine clásico que se reflejan en la novela. Por ejemplo, aparece un periodista, Thomas, que está inspirado en el personaje que interpreta Peter Lorre en Casablanca. Krüger, el novio de Carol, la tía de Eva, lleva el nombre de un actor austríaco. Y la propia Carol viene a ser una especie de Kim Novack de la época".

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