Jordá defiende una poesía "inteligible" en 'Instante'

Meses después de la aparición de su novela Pregúntale a la noche, merecedora del Premio Málaga, Eduardo Jordá regresa a las librerías con Instante, un poemario editado por la Fundación José Manuel Lara en el que el escritor y colaborador del Grupo Jolyvuelve a defender una poesía inteligible que reinterpreta el mundo desde la sensibilidad y el pensamiento. "La poesía es emoción, reflexión y música. Y a mí me gusta que se entienda, creo que hacer algo comprensible es una cortesía para el lector. Ahora hay mucha poesía ininteligible que no tiene nada que decir y que enmascara la vacuidad bajo la palabrería", declara Jordá, que desconfía de "la oscuridad, de la sintaxis abrupta".

Los poemas de la primera parte del libro, El infierno feliz,surgen de una visita que el autor hizo a Manila en 2005 y en la que quedó impactado por "el estado de miseria absoluta" que encontró. Expone Jordá que "más allá del centro de la ciudad, donde viven los ricos, hay una serie de anillos concéntricos donde la gente habita chabolas. Incluso hay gente que vive en las vías del tren, que aprovecha cuando no pasan los trenes para levantar un tenderete". Este capítulo describe una galería de desheredados: orquídeas extraviadas en un escenario de violencia, muchachas que entran maquilladas en un burdel, mujeres que flirtean con turistas y un niño de la calle al que el poeta desea que sepa, que, pese a todo, "el mundo es muy hermoso". Una de las curiosidades del libro es el retrato de Pagsanjan, un poblado que ya había cautivado previamente a Gil de Biedma y en el que se rodó el tramo final de Apocalypse Now.

El segundo apartado de Instante, que lleva el mismo título del libro, se plantea como una sucesión de "reflexiones sobre la existencia", entre las que asoma "esa extraña sensación de estar vivo que a veces nos asalta". Jordá celebra la vida a través un inventario de intimidades, de escenas cotidianas como la limpieza de una alacena o la boda de unos amigos, que cohabitan aquí con el homenaje particular que dedica el escritor a algunos de sus mitos -el músico Charlie Parker o el poeta Edward Thomas-.

Jordá confiesa sus limitaciones para explicar un ejercicio tan personal como escribir versos. "Presentar un libro de poemas me parece extraño. Es como anunciar que vas a subir a un globo aerostático y tirarte al mar. Es una actividad rara que algunos seguimos cultivando. Los poetas somos como cartujos, gente que se mueve fuera de las costumbres de los demás", opina el autor de Norte Grande y Playa de los Alemanes.

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