Javier Sierra desvela parte de los misterios de su última creación

  • El autor confiesa que 'La ruta prohibida y otros enigmas' propone aprender un nuevo lenguaje, el de nuestros antepasados, para poder leer en las imágenes el significado de los enigmas de la Historia

La puesta de largo ayer en la Feria del Libro de la última obra de Javier Sierra, La ruta prohibida y otros enigmas de la historia, congregó a numeroso público, fiel seguidor de su trayectoria caracterizada por la afición por lo enigmático.

A las 19.30 horas estaba prevista la presentación del libro que, según el propio creador, supone una "deuda con los lectores".

Es por esta razón por la que Sierra se ha visto obligado a escribirlo, para dar respuesta a las cuestiones de sus seguidores sobre la veracidad de lo que en su producción literaria se expone, porque lo que "hay de verdad en sus libros es mucho más de lo que parece", afirma el periodista turolense.

En el salón de actos del Baluarte de la Candelaria tuvo lugar el evento en el que Jesús Maeso de la Torre ejerció de maestro de ceremonias reivindicando el poder de la curiosidad, un impulso "más poderosos que la ciencia", citó, y que ha llevado a su "amigo de complicidades emocionales", Javier Sierra, a adentrarse en los misterios de la Historia.

Algunos de estos misterios sirvieron al escritor, con el que Maeso de la Torre "comparte intereses literarios comunes y muchos escenarios", de hilo conductor de su disertación, en la que desgranó algunos enigmas que le han llevado a convertir el que es ya su octavo libro en todo un éxito.

En el acto, Maeso de la Torre afirmó que corren buenos tiempos para el género literario de lo mistérico, además de definir el trabajo de Javier Sierra como una labor que se constituye en "aventura espiritual"; trayectoria no sustentada en el temor a lo desconocido sino en un placer investigador, destinado a "mentes inquisitivas de resolver misterios".

Ya en su intervención, Javier Sierra, "alquimista de lo arcano", en palabras del presentador, confesó que "ha sido una inesperada sorpresa ser recibido en la Feria del Libro de Cádiz", emplazamiento que calificó como "una ciudad que es casi un libro de historia en sí misma".

De la trimilenaria ciudad asegura "que se podría trazar su historia desde la mítica Tartessos hasta todas las civilizaciones que han dejado su impronta" a lo largo de los siglos, si pudiéramos hacer "un agujero aquí mismo", bromeó.

Seis Destinos son los que encauzan el trabajo exhaustivo de La ruta prohibida que despierta "los misterios de lo universal a través del suspense", en palabras de De la Torre, y con el que se cruzan las puertas de lo imaginario, "una cripta de verdades ocultas que aguardan ser desveladas".

Verdades fundamentadas documentalmente pero que han pasado desapercibidas a los ojos de ese Homo Sapiens, cuyos "pasos están programados", declaró el introductor del acto.

Sierra abrió boca en su intervención emplazando a los asistentes a un lugar común , la Basílica de San Pedro, y a partir de ahí a uno de los enigmas que integran "el corpus" de La ruta prohibida: la puesta en duda del descubrimiento de América por Colón.

¿Qué sugiere el epitafio que se puede leer en la tumba de Inocencio VIII y que reza "suya es la gloria del descubrimiento del nuevo mundo"? A partir de ahí, Sierra tejió para los asistentes una particular urdimbre de evidencias que corroboraban tan peculiar premisa.

Otro de los fascinantes misterios que jalonan La ruta prohibida, la verdadera significación astrológica que Velázquez imprimió a Las Meninas, sirvió al autor para seguir enganchando al entusiasmando público que acudió a su intervención.

Todos estos datos ponen sobre la mesa "claves no sabidas" hasta que conseguimos "meternos en la mentalidad de la época, de nuestros antepasados", argumentó.

Cuando admiramos la belleza de las imágenes que nos ha legado la Historia, "no nos preguntamos por su significado". Si aprendemos a "leer los símbolos, nuestra perspectiva cambia para siempre", enfatizó como conclusión Javier Sierra.

Al final del acto, numerosos asistentes guardaron cola para conseguir una firma del autor.

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