Flamenco

Javi Ruibal: "Ser percusionista no pasa desapercibido, es muy llamativo"

  • El hijo del cantautor portuense, un instrumentista reclamado por las compañías flamencas

Repite el nombre y apellido paterno, pero no teme a la confusión. Incluso reconoce sin complejos que el trabajo en la banda de su padre es uno de los proyectos más divertidos en los que colabora. A Javier Ruibal Jr. (El Puerto de Santa María, 1983) no le tiró ni la guitarra ni la canción. A cambio, eligió la percusión y, en apenas unos años, se ha convertido en un instrumentista demandado para una amplia variedad de proyectos, entre ellos los flamencos. Colabora habitualmente con la compañía del bailaor linense David Morales, con la banda del cantaor de Utrera Tomás de Perrate, e, igualmente, comparte escenario con cierta frecuencia con Manuel Molina y su hija Alba. Pero también tiene su propio proyecto, el grupo portuense Glazz, una formación de la que subraya que "hace muchos guiños al flamenco desde el rock, el funk y el jazz", que son sus influencias más reconocibles. Precisamente en estos días, se encuentra con este grupo participando en el Festival Jazz Plaza de La Habana.

Javi reconoce que el haberse criado en un ambiente musical le ha determinado de forma total, aunque al principio pensase que no, entregado como estaba a la actividad deportiva. "Mi comienzo en la música fue algo tardío -relata-. Jugaba al baloncesto, hacía judo… pero, conforme fui profundizando, me di cuenta de que siempre había estado rodeado de música, y aunque no hubiera hecho caso, el oído lo tenía hecho". En su casa lo que había eran guitarras, "pero también panderos y una djarbuka", recuerda. A los trece años, empezó a trastear con una batería que se había quedado en la casa tras un ensayo, y logró convencer a un padre, en principio reticente, para que le comprase una. Desde entonces no ha parado. Sus impresiones y opiniones sobre las funciones de la percusión, además de su interés obvio, nos muestran el pensamiento de uno de los representantes más jóvenes de la nueva generación de músicos gaditanos. Por supuesto, quedan más.

-Batería de tu grupo o percusionista en los proyectos de otros. ¿Con qué se queda de cada trabajo?

-Es una disyuntiva muy grande. Por ejemplo, el esquema de mi padre, que deja mucho espacio a los músicos para improvisar, es muy divertido y se disfruta muchísimo. Pero también estoy disfrutando mucho esta etapa de proyecto propio y de componer que es Glazz, quizás porque es el primero. En el trabajo de "mercenario" hay días que no te apetece tanto como otros, aunque yo siempre he tenido la suerte de poder elegir.

-En el flamenco, los que se denominan a sí mismos "puristas" suelen denostar este tipo de acompañamientos de percusión, especialmente criticado es el cajón. ¿Cree que se ha podido abusar?

-La verdad es que yo he tenido marrones más gordos, porque he tocado con flamencos de mente muy abierta. Casi todos los que me han llamado querían baterías. Lo que no quita para que alguna vez me hayan acusado de pegar muchos "platillazos". El cajón no es el único instrumento percusivo. Ha sido el gran atacado, pero también lo fueron los bongós de "Entre dos aguas". Ahora pienso que el oído está más hecho y hay más variedad de instrumentos, como ocurre con el udu, la tinaja india, con el que se puede modular un poquito el tono. Y como ese, hay más posibilidades, algunas muy nuevas y modernas.

-Además de ritmo, ¿qué cree que le puede aportar esa percusión al flamenco?

-Esa es una discusión que daría para mucho, pero creo que lo más importante quizás esté en la posibilidad de compartir figuras rítmicas. También está la aportación tímbrica que enriquece mucho. Porque, si nos damos cuenta, las palmas, los nudillos o el taconeo son sonidos muy similares y secos. Y cuando entran otros armónicos, se abre mucho el sonido. Pero sin los patrones rítmicos no habría tanta evolución.

-¿Podría explicar en que consiste esto último?

-Sí. Es, por ejemplo, el caso del tanguillo. En todas las culturas hay un ritmo de 12x8, pero en unas claves diferentes. Es el caso del tanguillo cubano o de otras formas como la brasileña. Y lo bonito y lo universal de la percusión es que parte de ese mestizaje, que también está en el flamenco, y puede aportar esos acentos rítmicos. Hoy en día hay bailaores y percusionistas que están usando muchas figuras cubanas, como la de la rumba o el guacancó. Con todo ello, lo que tenemos es un lenguaje mucho más abierto. Existen incluso bailaores que están acabando con el cierre de batá y conga.

-La percusión, elegida como carrera musical, ¿no es quizás optar por un espacio secundario, de "side-man", como se decía en el jazz?

-No, qué va. Ser percusionista es algo muy llamativo. No pasa nada desapercibido. Además a mí siempre me ha gustado mucho la figura del batería. Para mí, la carrera como percusionista es como la de cualquier otro músico.

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