En el Japón de la era Heian

El príncipe resplandeciente es Gengi, el héroe de la novela río de Murasaki Shikibu, un clásico de la literatura japonesa medieval. Pero no es él el protagonista de este ensayo sino su mundo, el Japón de la era Heian, un periodo poco conocido que se extiende entre los siglos IX y XI. Y es que, frente a la frialdad de las crónicas oficiales y sus genealogías, la literatura de la época, novelas y diarios escritos casi exclusivamente por mujeres, cuenta la vida cotidiana de personas reales que aman y sufren.

En el mundo de Gengi imperaba una rígida estructura jerárquica que excluía del ascenso social a quien no perteneciera a una de las grandes familias. Con un puesto en la administración asegurado y una relativa paz en las fronteras, los nobles vivían para el arte y el ceremonial. Abrumados por supersticiones y tabúes y por la rigurosa etiqueta cortesana, alternaban las monótonas labores burocráticas con la composición de poemas y perfumes. No menos complejos eran los ritos amorosos en una sociedad poligámica donde esposas, concubinas y amantes solían convivir bajo un mismo techo. Un Japón muy distinto al de las geishas y los samuráis que todos conocemos, que desapareció con la llegada al poder de las castas militares que derrotaron a los aristócratas melancólicos y hedonistas de Murasaki. Una era que Ivan Morris saca a la luz con rigor académico y amenidad.

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