Javier Ángel Preciado. Periodista

"En Iraq no hay Estado ni justicia; la Interpol sólo vale cuando les interesa"

  • El autor presenta esta tarde en la Asociación de la Prensa 'Rescatando a Sara', libro en el que relata los esfuerzos vividos al tratar de recuperar a una niña secuestrada por su padre en Basora

"Sobre papel -cuenta el periodista Javier Ángel Preciado- la historia era bonita y apasionante". Y también complicada: Sara, una niña de ocho años, había sido secuestrada por su padre, un iraquí que la tenía retenida en Basora. Cuando Preciado conoció el caso -y a Leticia, su madre- ambas llevaban cinco meses sin verse. La separación se alargaría durante dos años más, en un proceso que el reportero relata en Rescatando a Sara (Temas de Hoy), el libro que presenta esta tarde en la APC: "Yo tenía una asignatura pendiente con Iraq -comenta Preciado, que cubrió la primera Guerra del Golfo-. Y me interesé en el tema al conocer a Leticia, que se veía una madre dispuesta a todo, con la que podía llegar a hacer grandes cosas".

En la agonía hasta recuperar a Sara, vivieron de todo: tiroteos, amenazas, bombas, promesas incumplidas y estafas. "Había gente que parecía dispuesta a colaborar y que después no lo hacía -comenta Preciado-. Por ejemplo, de Exteriores arrancamos la promesa de una escolta y lo único que nos proporcionaron fue una monja para guiarnos por Besora".

Y, sobre todo, la sensación de que toda aquella lucha podía quedarse en nada: la familia de Abbas -el padre de la niña- tenía contactos con la milicia de Al Mahdi y, por tanto, poder en la zona. De hecho, durante todo el tiempo, el secuestrador se comportaba según los parámetros de quien es consciente de su absoluta impunidad. "En Iraq no hay Estado, no hay justicia -apunta el periodista-. Abbas llegó a amenazar con matar a la niña y matarse él. Y si hubiera hecho eso, según la saría, él estaría perdonado siempre y cuando hubiera demostrado que su hija iba a irse con un infiel".

"La Interpol es válida cuando les interesa -continúa Preciado-, porque nosotros teníamos una orden internacional de busca y captura del padre y de busca y entrega de la niña, y hacían caso omiso. A mí me llamaron mucho la atención las palabras del embajador de Kuwait, que decía que había tratado cientos de casos de custodia y jamás se resolvía a favor de la madre si era occidental. Si lo solucionan -nos dijo-, yo volveré a creer en Dios."

El primer encuentro entre Sara y su madre tuvo lugar en un cuarto exiguo, rodeadas de miembros de la familia paterna, y se redujo a una hora -en vez de las seis previstas-. En esa cita, las únicas palabras que la niña pronunció fueron:"Mamá, cómprate una casa aquí". Sara no se atrevía ni a levantar la vista. Leticia se vino abajo: tuvo la sensación de que había perdido a su hija, de que Sara estaba totalmente sometida a su padre, que sufría un secuestro emocional que podía resultar incluso más peligroso. En la segunda cita con la pequeña, la niña había olvidado cómo se hablaba español.

"La clave de todo el proceso -comenta Javier Ángel Preciado- estuvo en una partida de matrimonio falsa que había hecho el padre de la niña. Nuestra estrategia fue demostrar que Abbas había engañado a la justicia iraquí, y que tenía que ser castigado por ello".

Así, al fin, Sara pudo regresar con su madre. Aterrizó en Estambul con Leticia, Javier Ángel y Alí, uno de sus hermanos iraquíes, que se prestó a acompañarla -y que volvió a su casa "deshonrado", sin "vengar" la traición a su familia: esto es, sin matar a nadie-. "Hoy en día -indica Preciado- sabemos que está trabajando de guarda de seguridad en Kerbala, lugar de peregrinación para los chiítas".

Javier Ángel, que habla con tono apresurado, se calma un tanto cuando se le pregunta por Sara. La niña quiso que fuera su padrino y han mantenido un estrecho contacto desde su vuelta: "¡Es cinturón amarillo de kárate! -se sonríe-. Tiene retraso escolar, por el tiempo que pasó en Iraq, pero es muy lista y está recuperando muy bien su nivel. Parece que ha asumido qué fue lo que le ocurrió durante sus años allí, y ahora rechaza todo su pasado... Eso sí, habla árabe a la perfección. Siendo rubia y de ojos claros, ¡no va a tener precio en el CNI!".

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