Introducción al arte sinérgico

  • El escultor Juan Méjica inauguró ayer la exposición 'Españeciendo', en la avenida de la Bahía · La muestra, organizada por el Ayuntamiento de Cádiz, podrá contemplarse hasta el 30 de junio

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La obra de Juan Méjica (Navia, 1956) reúne elementos ctónicos, "españoles y universales" -como bien apunta-, trazos arcaicos y vocación futura. Siete de sus esculturas monumentales se exponen desde ayer en el paseo de la avenida de la Bahía, dentro de la muestra Españeciendo. Unas piezas que antes se expusieron en el paseo de la Alameda malagueño y que forman parte de una colección más grande, de la cual ha resultado imposible traer algunos de los trabajos de mayor tamaño: "Cada pieza ocupa un solo camión -indica Méjica-, porque hay trabajos de doce metros de largo y con un peso de doce o trece toneladas".

"Pueden montarse en el barco y no hay problema, ¿eh? -explica Méjica al público asistente durante la presentación de la muestra-. Aunque lo parezca, las piezas no están oxidadas: son figuras de acero y cobre y uno puede subirse ahí con la camisa limpia y salir impecable". Algo que demostraría él mismo minutos después, retrepando a las figuras con los niños que lo acompañaron durante su paseo por Puntales.

Cádiz ha sido la séptima ciudad en acoger la colección de Méjica, que cuenta ya con escenarios comprometidos para este año y para el que viene, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Entre las piezas presentes, el Caballo ibérico, la Mujer solar, la Cabeza tótem -que evoca al ser pensante de nuestro tiempo-, el Tejo -conífera sagrada para los celtas, de frutos venenosos pero bajo cuya sombra se reúne la comunidad- o el Barco arenisco.

"Detrás de mí -repite el artista-, hay treinta mil años de arte". La obra de Méjica recoge elementos presentes en el arte rupestre y los monumentos prehistóricos, "y en el arte íbero y de los tartessos", explica. Se alimenta, dice, de elementos tan potentes y totémicos como el caballo o el toro - "que era el bisonte, que era el uro"-. "Yo me considero heredero de todos estos símbolos, que son muy españoles y muy universales", explica, citando también al malagueño Pablo Picasso como gran referente: "Forma parte de ese tipo de artistas que funcionan como videntes, que nos llevan a nuevos horizontes", declara.

"El arte primitivo -explica Juan Méjica- era en alguna medida un arte de origen campesino, de cultura rural. Y manejaba unos mitos y unos elementos que aún siguen ahí, aunque no nos demos cuenta, por ejemplo, los cultos solares. Y todo eso, toda esa esencia, tan potente, se puede rescatar y proyectar hacia el futuro".

En la charla de Juan Méjica aparece de continúo el concepto de sinergia aplicado al arte. Amante de los proyectos que integren e incluyan la participación más que la mera contemplación, Méjica concibe la actividad artística como una relación continúa con su entorno, una puesta en acción en la que hay que contar con los elementos externos, con el aire, la luz, el sol, en un proceso en el que hay que hacer partícipe a todo el mundo.

Así, no extraña que entre los proyectos que Juan Méjica haya elaborado se encuentran cabinas de teleférico con forma de olla, parques infantiles con gominolas, bosques de remos gigantes o cuélebres que asoman en mitad de un río. Entre otras cosas, Méjica habla de una Escuela de Ángeles -una torre con rampas para enseñar a la gente a 'volar', a peder el miedo a la altura o a lanzarse en paracaídas- o del Yacimiento Tumular del Atlántico, que ideó tras el desastre del Prestige: una carcasa en la que enterrar el pecio del barco. Pero, sobre todo, Méjica cita su colección de "puentes mágicos", entre los que incluye elementos de corte futurista, como una pasarela de cristal bajo la plataforma.

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