"Intento resaltar que todos somos una creación de nosotros mismos"

  • Boris Izaguirre presentó ayer en el Baluarte la novela que le procuró ser finalista del Premio Planeta, 'Villa Diamante'

En Inglaterra, la encarnación de Wilde es Stephen Fry. Aquí, le recoge el testigo Boris Izaguirre. Un Wilde actualizado, exagerado y mediático. Despierta a quien lo escucha con afirmaciones brillantes e inesperadas, sobre asuntos, gentes y, por supuesto, sobre él mismo: "Para mí, Telma Ortiz es una heroína" , o "María San Gil es esa señora que viste como una monja moderna", o "Todo el mundo debería participar en el Planeta" o "Es imposible que yo sea una persona polémica, porque soy encantador".

Boris Izaguirre -cuya anterior visita a Cádiz fue hace casi diez años, con el equipo de La Ventana de Gemma Nierga-, llegó a la Feria del Libro gaditana a presentar Villa Diamante, la novela con la que se alzó finalista de la última edición del Premio Planeta.

"Puedo ser, fácilmente, el finalista que más ha disfrutado con el premio -declaró-. Un premio que ha tenido este año una amplia gira americana, en parte, gracias al éxito obtenido por mi novela. Lo que me ha permitido hacer, de nuevo, el viaje inverso", guiña Izaguirre. Tras pasar por Buenos Aires, Lima, Bogotá y México DF, "llegamos a Miami, donde el escritor Jaime Bayly y yo repetimos el beso que nos dimos años antes en Crónicas Marcianas. Hemos dicho que, de aquí a seis años, uno de los dos ha de ganar el Planeta para repetirlo".

Izaguirre -que destacó que, probablemente, a partir de ahora, "haya una cláusula en los Planeta que obligue a los ganadores a portarse como Millás y Boris"-, aseguró que el premio le había llegado en un gran momento: "Me permite, por supuesto, escribir con mucha más libertad. Es, sin duda, un punto de inflexión".

"A la hora de recoger el galardón -cuenta Izaguirre- el silencio fue impactante, a pesar de que yo llevaba media hora gritando. Yo había firmado como Julia Brideshead Ponti, y estaban diciendo mal el nombre, y yo sólo repetía: Brideshead, Brideshead..."

"Mientras Echenique me daba el premio, 'Está muy bien construida' -imita, engolando la voz-, yo sólo recordaba que no tenía que ponerme a abrazar a Lara. Llevaba uno de los dos trajes a medida que me he hecho en mi vida y, para estupefacción de los que me rodeaban, quería posar solo, porque pensaba que el traje merecía una exclusiva".

"Yo no soy un escritor peculiar: soy una persona peculiar", afirma Izaguirre que declara que un "escritor es, sobre todo, un intelectual". "Y yo prefiero más bien ser un cronista -relata-. Creo que es esa mi verdadera alma. Pienso que lo que mejor hago, que lo que mejor sé hacer, es estar pendiente del momento en el que me toca vivir y plasmarlo de la manera más personal que encuentre. Eso es lo que impulsa mi modelo de escritura".

Izaguirre, para el que su última novela ha supuesto "la consecución de un tono, una manera de abordar la narrativa de forma personal", Villa Diamante refleja dos procesos de construcción: el de una casa y el de la protagonista. "Me gustaba esa realidad enfrentada en la Caracas de los años cincuenta, que vivía una dictadura pero que quería erigirse en ejemplo de ciudad del futuro", detalla.

"Puedo entender que las dos hermanas protagonistas, una guapa, otra fea, recuerden a los cuentos clásicos. Los cuentos de hadas han sido una constante en el cine y la narrativa. En mi anterior libro, precisamente, comento que Hitchcock era muy respetuoso con los cuentos de hadas, con las reflexiones y misterios que sugieren", explica Boris Izaguirre.

"Pero sobre todo, en Villa Diamante, he querido recalcar la idea de que todos somos una creación de nosotros mismos -prosigue-. Pese a todos los obstáculos, la protagonista, Ana Elisa, termina construyéndose esa casa que la construye a ella misma como persona".

Uno de los grandes hallazgos de la historia fue, para el autor, el personaje del transexual Joan: "En la Trinidad de los años cuarenta, dos personas deseosas de mudar de condición entablan amistad -indica-. Me gusta descubrir la capacidad que pueden tener los marginados para dejar de serlo, para triunfar, también, ante ellos mismos".

El recorrido de la protagonista de Villa Diamante pretendía reflejar, además, los tres tipos de amor que existen a juicio de Boris Izaguirre: el amor idealizado; el amor que, de algún modo, nos rescata, y el verdadero amor, "que es aquel que aparece de repente".

El concepto de la belleza, como elemento transformador el espíritu humano a través de objetos e ideas, y como encarnación de lo terrible, plasmado en el cuerpo, vuelve a retomar otro de los clásicos hitchcocknianos: el de las malvadas terriblemente bellas. "Quería señalar que, en realidad, los bellos son nuestros enemigos. Son una poderosa minoría, elevada por las veleidades de la genética -continúa Izaguirre-. Muchas veces se asocia lo bello a una maldad terrible, a seres con una tremenda capacidad de destrucción, enfocada tanto hacia los demás como hacia sí mismos".

En la presentación del libro, a cargo de la periodista Mabel Caballero, Boris Izaguirre resaltó "el enorme plantel de mujeres" que pasea por la historia. "De hecho, yo les digo a mis amigas actrices que si un día se hace una película, habrá papeles para todas", confesó .

Las "amigas actrices" fueron, de hecho, un recurso frecuente a la hora de recabar inspiración: "Y como muchas de ellas no pueden estar juntas, las tenía que ir citando en rueda o en distintos sitios -bromea Boris-. Y mi marido me decía: Por dios , ¿qué es esta locura, en qué estás convirtiendo esta casa?".

Durante el encuentro con sus lectores, Boris Izaguirre destacó la relación especial que establece con los atuendos: "Para mí -comentó- el cómo una persona va vestida me dice mucho más que sus palabras. De hecho, yo cuando vi a mi marido supe que sería el hombre de mi vida porque llevaba una sahariana fantástica, con unos zapatos de lona semi-impermeable".

"Todo un viaje inverso, sí -añadió-, que me hizo casarme con un gallego".

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