luis felipe blasco. dramaturgo

"Intento crear una experiencia ligera en la que transmitir algo profundo"

  • 'La otra mano de Cervantes', una obra del autor algecireño producida por la Fundición, inaugura la temporada de la Sala Central Lechera

  • El espectáculo estará en cartel durante hoy y mañana

El dramaturgo algecireño Luis Felipe Blasco. El dramaturgo algecireño Luis Felipe Blasco.

El dramaturgo algecireño Luis Felipe Blasco.

-El pasado año 'El jurado' abrió la temporada del Falla, hoy 'La otra mano de Cervantes' hace lo propio en La Lechera, ¿es algo habitual que sus obras tengan su lugar por su tierra o es excepcional?

-La verdad es que en términos generales mis trabajos han estado bien acogidos en nuestra provincia y en Andalucía pero ahora se da la circunstancia que estoy llegando a teatros, digamos, más interesantes, como el Teatro Falla, y creo que eso se debe a que llevo muchos años escribiendo y esto es un proceso lento en el que ahora estoy recogiendo los frutos.

-Es su primera colaboración con la Fundición Producciones, ¿cómo ha sido el trabajo con ellos?

-¡Excelente! Son fantásticos, una gente encantadora y profesional. Todo surgió en la Navidad de 2014 a 2015 hablando con una amiga sobre que el año siguiente se celebraría el centenario de Cervantes. Ella me animó a hacer algo al respecto, escribir alguna obra y la verdad que me apeteció mucho. Se lo propuse a la Fundición y les encantó el proyecto.

-1597, Cárcel Real de Sevilla. Entre todos los episodios de la vida de Miguel Cervantes, ¿por qué elige situar la obra en uno de los más oscuros, en su encarcelamiento?

-Pues por dos razones. La primera porque me di cuenta que se trata de un episodio relativamente desconocido de su vida. Y es que no me fue fácil encontrar el motivo por el que Cervantes estuvo encarcelado. En las biografías que leí hablaba de que estuvo en la cárcel pero se pasaba de puntillas por la razón, que no era otra que, no exactamente malversación de fondos, pero algo así como apropiación indebida. Así que ante tanto oscurantismo pensé, aquí hay algo interesante (ríe). Y la segunda, por la importancia propia que tiene ese episodio en su vida, un momento en el que había renunciado a ser un escritor famoso, pues había dejado el teatro que es lo que le daba dinero, y encontró el trabajo de recaudador de impuestos que le permitía escribir novelitas cortas con cierta tranquilidad pero cuando lo encarcelan, como él mismo explica en el prólogo de Don Quijote, es cuando empieza a cobrar forma la idea de esa gran novela que es la que le otorgó la fama mundial y la trascendencia.

-Juega con la biografía de Cervantes y con personajes ficticios.

-Esto es muy importante destacarlo: todo lo que se cuenta sobre Cervantes es real. Y lo digo porque a veces puede parecer que he forzado las cosas para hacer un paralelismo con la actualidad pero no es así, yo no he manipulado nada. Leyendo la vida de Cervantes se encuentran muchas similitudes, salvando las distancias, claro está, entre el Siglo de Oro y la actualidad. Los aspectos de la corrupción política y la picaresca a todos los niveles, la más simpática, la del pobre, y la más despreciable, la del rico, aunque las dos son igualmente condenables, son muy parecidas a las actuales, como que siguen procedimientos parecidos.

-Su Cervantes, y ahí entramos en la ficción, ¿conoce en la cárcel a una suerte de Sancho Panza?

-No exactamente. Sí es Sancho Panza en algunos aspectos pero también ese personaje está muy ligado a Rinconete y Cortadillo, es un guiño a esos dos personajes, aunque, poco a poco, vaya adquiriendo rasgos de Sancho Panza. Es que una vez planteado qué quería contar y cómo quería contar la historia tocó enfrentarse a las diferentes posibilidades de abordarla y decidí hacerle a Cervantes un compañero de celda con el que pudiera charlar, al que dirigiera sus reflexiones pero que también le sirviera de inspiración.

-¿Es su Cervantes quijotesco?

-Sí porque creo que lo quijotesco es un rasgo de Miguel de Cervantes, no el único ni el principal, porque las personas somos más complejas que los personajes, pero sí que quijotesco es uno de los adjetivos con el que se podría definir a Cervantes, como también el de práctico. Era un hombre hábil con los números, astuto, muy listo, hasta se pasó de listo, que es algo que le ocurre a algunos, y por ello acabó en la cárcel.

-¿Le gusta jugar con los géneros?

-No lo sé... A ver, yo tengo claro que los temas que me interesan al final son dramas o thriller pero se me ocurren cosas graciosas y no me puedo quedar con las ganas de meterlas (ríe). Por otro lado, la puesta en escena de La otra mano de Cervantes es muy musical pero eso fue una decisión del director, de Pedro Álvarez-Ossorio.

-Lo que sí es marca de la casa es el reflejo con la sociedad actual, ese empeño suyo en ponernos un espejo delante como sociedad o como individuos.

-Sí, sí, eso es algo que procuro mantener siempre por dos cosas. Por un lado, yo como escritor me siento privilegiado de poder crear un discurso al que, relativamente, se le presta cierta atención y yo me tomo ese hecho con la responsabilidad de, dicho de forma idealista, intentar mejorar el mundo o, más realista, procurando que sea menos malo. Ahí también entra lo que hablábamos antes del humor porque yo tengo cuidado y utilizo los recursos necesarios para que la experiencia final para el espectador sea agradable, que no lo pase terrible aunque el final sea agrio. Es decir, intento crear una experiencia ligera para el espectador en la que transmitirle algo profundo.

-¿Han estado las instituciones públicas a la altura del IV centenario de Cervantes?

-Tanto las nacionales, como las regionales y las municipales han desperdiciado la oportunidad, no de reivindicar porque ya es suficientemente reivindicada, pero sí de renovar el interés por la figura de Cervantes, tanto en España como en el extranjero. Creo que ha sido una oportunidad perdida para reavivar un sentimiento patriótico positivo, que ya sabemos que el patriotismo tiene su cara oscura. Una oportunidad para celebrar la libertad, una de las flechas principales, la primordial, diría yo, a las que apuntaba el discurso de Cervantes.

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