Inteligente juego entre géneros de acción, fantasía y aventuras

EEUU, 2011, 132 min. Acción, ciencia ficción. Dirección: Matthew Vaughn. Intérpretes: Jennifer Lawrence, Rose Byrne, Michael Fassbender, James McAvoy, January Jones, Kevin Bacon. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Las Salinas, Al Ándalus, Victoria, Multicines Jerez, Yelmo, Äbaco Jerez, Cine Cité.

La saga renace desde su raíz, saltando hasta el origen de los X-Men. Algo ya muy visto, desde luego, en esta avalancha de precuelas y secuelas con la que la industria intenta no perder la segura brújula que antes eran los géneros. Fenecidos los géneros clásicos, las sagas o franquicias estiradas hasta lo inverosímil -mezclando géneros, basándose en cómics y series televisivas o haciéndolo todo a la vez- pretenden restablecer ese pacto entre la pantalla y los espectadores. En este caso tenemos una mezcla de géneros (aventuras fantásticas y espionaje, entre otros) inspirada en un cómic (especie superhéroes, marca Marvel, saga X-Men) que intenta hacer olvidar los últimos traspiés (tercera y cuarta entregas) para recuperar la fuerza que tuvieron las dos primeras en la pantalla y en la taquilla. Porque en aquellas adaptaciones al cine de los X-Men (2000 y 2003) había algo más que efectos especiales; había buen cine de espectáculo y entretenimiento. Y Bryan Singer -coguionista y director de aquellos dos primeros y mejores episodios- ha querido recuperar ese algo más dando nueva vida a la longeva serie al producir, participar en el guión y escoger al realizador de esta quinta entrega.

Lo ha hecho todo tan bien que gracias a la brillante idea argumental de fundir el cine de superhéroes con el de espionaje ye-ye de los años 60 y el de política-ficción de los 50; gracias al inteligente desarrollo de esta idea en guión; gracias al magnífico diseño de producción sixtie de Chris Seagers (autor de las obras maestras de la dirección artística El viaje de Felicia, Onegin o Salvar al soldado Ryan); gracias a las interpretaciones de James McAvoy, Michael Fassbender o Kevin Bacon; y gracias a la elección de Matthew Vaughn (Stardust, Kick-Ass. Listo para matar) para la dirección, Singer ha logrado, no sólo la mejor película de la serie, sino una de las más creativas adaptaciones de cómics al cine y una espléndida película de acción que se columpia con astucia entre el homenaje y la parodia.

Además del mundo de los superhéroes humanizados sin pedantería (estamos afortunadamente lejos del indigesto Caballero oscuro de Nolan), son evocadas con gracia y acierto las películas de espías al estilo del primer Bond conneriano (a su vez tan influidas por el cómic); las algo más serias, pero no menos pop, interpretadas por Michael Caine en el rol de Harry Palmer; y las sátiras políticas sobre la Guerra Fría en versión bufa (¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú) o seria (Punto límite) que tanto juego dieron en los años 50 y 60.

Esta idea de situar la crisis de los misiles en el corazón de la película y envolverla en una estética rabiosamente sesentona con evidente inspiración en los diseños de producción de Ken Adam -que trabajó tanto para los Bond como para Kubrick- es, junto a la humanización no huecamente retórica de los superhéroes y la fuerza del guión, lo que convierte a esta película en lo que debe ser -sin descender a la estupidez ni auparse a la pedantería- el cine de fantasía y aventuras: un inteligente, brillante y espectacular entretenimiento. Los efectos especiales (espléndidos) puestos al servicio de una historia.

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