Iconografía de lo hortera

  • El artista murciano reflexiona sobre la identidad de un paisaje desajustado e inconsciente en un relato fotográfico de su tierra natal

No hay nada más que salir a la calle -me imagino que dentro de muchas casas será igual o peor - para encontrarse con un paisaje cercano lleno de encuadres totalmente fuera de toda lógica y representantes de la más absoluta estética hortera. Tales situaciones nos son patrimonio de ningún sitio ni son circunstanciales con la idiosincrasia de los habitantes de un determinado lugar, desgraciadamente el mal gusto, las acciones desastrosas, las actuaciones nefastas de los responsables de urbanismo, la especulación, el deterioro forzado por la inconsciencia colectiva, así como una estética esquiva promovida por diseñadores de cortas luces y sus pobres seguidores, han patrocinado paisajes de absoluta miseria visual, transgresores de todo y faltos de entidad. Con estos parámetros del mal gusto y patrimonio de lo hortera, nos encontramos rodeados de un pésimo horizonte de fealdad, de sinrazón y de maledicencia urbanística. La sociedad está demasiado influenciada por unos modelos intrascendentes, sacados de la cultura basura pero que tienen mucha fortuna en unos consumidores sin escrúpulos.

A pesar de todo, Gustavo Alemán es un artista murciano que plantea una profunda reflexión sobre la identidad del paisaje que le rodea. La Murcia de Gustavo Alemán, esa que él encuentra en el camino tras recorrer sus tierras, tiene poco atractivo, es burda, lineal, como casi todas, presenta los mismos desajustes que las demás ciudades, tiene los mismos desenlaces existenciales que los otros lugares, está inmersa en un desapasionante proceso donde está sujeto al descontrol, a la falta de conciencia, a los problemas económicos, al poco apego ciudadano por las cosas públicas y, por supuesto, a esa inconsciencia social a la que se somete a un entorno al que, cada vez más, se tiene menos en cuenta.

La fotografía de Gustavo Alemán es un relato desapasionado sobre la pobreza visual circundante, sobre esa contaminación ambiental que embota los sentidos y hastía la mirada. Su cámara se centra en su Murcia natal aunque la situación puede ser extendida a cualquier sitio. La obra de este autor nos sitúa en una realidad cotidiana, abarcable fácilmente en cualquier lugar, plantea la degradación de un paisaje que llega a convertirse en un escenario surrealista por la dejadez y el poco sentido común.

Escenarios de manifiesta fealdad, construcciones fuera de toda lógica y sin el más mínimo escrúpulo artístico, paisajes corrompidos por la estética de lo feo, hortera y transgresor; relatos, en definitiva, de una escenografía que ilustra el deterioro del paisaje por culpa de una sociedad ajena, por completo, a toda norma comprometida con la razón.

Muchos somos, como Gustavo Alemán, los que podemos afirmar que (no) somos de aquí. La pobreza de lo que nos rodea no sólo se encuentra en la escasez económica. El artista extrae esa realidad a contracorriente, suscribiendo una galería de paisajes del horror que configura una página muy especial de ese manual sobre la iconografía de lo hortera que tanto abunda en esta sociedad altamente cuestionable.

Galería Manolo Alés La Línea

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