Guiños al amigo americano

  • Las victorias de Penélope Cruz y Benicio del Toro desvirtúan la gran noche del cine español, que aún así coronó a la película más arriesgada e interesante del año

Mucho llorar por la piratería. Mucho ver con aprensión -como todos los españolitos- los efectos que la crisis va a tener en el cine español. Pero al final, la Academia le hace un guiño al enemigo americano. El triunfo como actores de Benicio del Toro y Penélope Cruz es más propio de los Oscars que de los Goya. No se trata de tener un arrebato patriótico, pero apoyar desde la gran fiesta del cine español a dos producciones más americanas que propias es dudoso. No todo consiste en quien pone el dinero, sino que cuenta también lo que se narra en las cintas. La postal vacacional montada por el viejo Woody y las aventuras de Ernesto Guevara nos cogen algo lejos. La Academia debería ser más consecuente consigo misma y apoyar de verdad proyectos nacionales, pensando más en la Gran Vía que en Broadway.

Lo malo de este glamouroso doblete es además que hará las delicias de la prensa del corazón, que cada vez controla más las cosas del cine. Sin duda, en esta semana las fotos y filmaciones de la brillante pareja dominaran los medios, y ahogarán la verdadera trascendencia de la noche. La de una Academia que a pesar de las comentadas veleidades por segundo año consecutivo ha sabido galardonar la mejor película española, y no precisamente la más fácil. Pe se llevara las cámaras, los elogios al vestido y sus estudiados aires aprendidos en los anuncios de belleza, pero la emoción y lo auténtico estaban del lado de Fesser. De la inmensa Carmen Elías, que defendió que el que aguanta es el que gana y de la estremecedora Nerea Camacho. Muchos verán esta victoria -curiosamente sólo perdió en la categoría que a priori tenía segura, efectos especiales- en clave ideológica, ayudados por los chistes de una gala que sigue sin perder los latiguillos progres. Pero Camino es una arriesgada y fascinante apuesta que dejaba muy atrás a sus competidoras. El fracaso de la favorita Los girasoles ciegos y el solitario galardón de Sólo quiero caminar debe saber a poco a sus responsables. Junto a esto, Los crímenes de Oxford se pudo dar con un canto en los dientes y El truco del manco con sus tres galardones fue la copiloto del éxito de Fesser.

En cuanto a la ceremonia, se echó de menos a Corbacho. Carmen Machi cumplió pero se le notó demasiada constreñida por el guión y no sería mala idea el poner limitaciones a los discursos, como en los Oscar. La brillantez de los sketches de los chicos de Muchachada Nui -albaceteños que dejaron alto el pabellón ante la derrota de su paisano Cuerda- brillaron con luz propia. Seguramente a ellos se les ocurriría lo de que el casposo Jesús Franco es ahora un paladín de la libertad.

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