Guillermo Peñalver y Mercedes Rodríguez en Puntales. Chapeau

Cuatro obras componían el concierto que el paso jueves tuvo lugar en Puntales: Mountain Songs, de Robert Beaser; Sonata Arpeggione en La m., de Franz Schubert, L'Histoire du Tango, de Ástor Piazzolla y Sonatina op. 205, de Mario Castelnuovo-Tedesco. El aficionado más lego pudo darse cuenta esa tarde del estupendo eclecticismo con el que se había confeccionado el programa, feliz enemigo de la aburrida "unidad" a que se obliga a veces a los artistas. Esta vez se rehusó reunir las obras en razón de una determinada identidad de estilo, estructura o parentesco, optándose por optimizarlas sin otra afinidad de grupo que la común calidad y belleza de cada una de ellas.

Contaba el concierto con la colaboración de unos excelentes intérpretes: Guillermo Peñalver (flauta) y Mercedes Rodríguez (guitarra). A Peñalver, personalidad bien contrastada, lo conocemos desde hace tiempo, y siempre ocupando primeros atriles, ya en orquestas grandes, en agrupaciones de cámara o formando dúo con otros instrumentos. De Mercedes Rodríguez no teníamos la menor referencia. De momento estamos convencidos de que no se hubiera podido tocar mejor, con más dominio de su instrumento, que como lo hizo ella el jueves, a pesar de que no fue fácil mantener el tour de force que resultó ser su intervención en muchos momentos. Escucharle un recital con obras del clásico repertorio de guitarra solista debe ser todo un lujo.

La Sonata D. 821 que Schubert escribió para el arpeggione, especie de guitarra y cello inventado por Staufer, es la única composición que se conoce para este instrumento. Es obra sin demasiado interés, carente de la inspiración melódica que tan cara le era al austríaco. Una música con aire de salón la cruza de arriba abajo. Y poco más. Muy distintas fueron las otras tres obras. Mountain Songs, de Robert Beaser, son dos deliciosas piezas del folk americano más auténtico, ese que utiliza las arcaicas escalas modales que encajan tan bien con la música popular de cualquier país. No menos interesante es L´Histoire du Tango de Ástor Piazzolla, obra que últimamente es fácil ver programada. El encanto de su contrapunto y su frenético ritmo es uno de los aspectos compositivos más logrados del autor argentino.

Un músico que conocía bien la guitarra fue Mario Castelnuovo-Tedesco. Más de una obra escribió para el instrumento a petición de Andrés Segovia, como lo hicieron también Héctor Villalobos, Alexander Tansmam o Manuel Ponce. Su Sonatina op. 205 que escuchamos el jueves tuvo, desde el punto de vista formal, el más riguroso de los planteamientos, muestra evidente de su magisterio al componer con y para la guitarra.

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