Música. Calienta motores el mayor festival de la provincia

10 Gruñidos de un mono

  • El Monkey Week, referencia de la música independiente en Andalucía, empieza a cerrar un cartel trufado de sorpresas

El puente de El Pilar se va a montar un gran sarao en El Puerto. Será la segunda edición del Monkey Week, que se presenta en Cádiz en la sala Supersonic, a modo de aperitivo, el próximo jueves con la actuación del grupo madrileño Hola a Todo el Mundo, que lleva en el nombre una declaración de principios de este encuentro 'indie' que en octubre juntará a miles de personas en torno al Monasterio de la Victoria, que durante esos tres días llevará el nombre de una cerveza, Monasterio Heineken, lo que no sé si es herejía. Habrá más escenarios y muchos más grupos, pero del cartel, que aún no está cerrado, hemos escogido a estos diez. Para ir abriendo boca.

Tali Carreto, que es uno de los organizadores del Monkey, llama entusiasmado para darme la noticia: "¡Tenemos a Strange Boys!" "Eh?" "No me digas que no conoces a Strange Boys". "Espera, que me voy un segundo al Spotify..." No falló Tali, que suele entusiasmarse en exceso. Un grupo pulcro, brillante, de canciones de tres minutos redondas. Existe entusiasmo en el mundillo musical con estos chavales. "Desde que fichamos a los Strokes no teníamos algo tan grande", les han dicho a los del Monkey en la casa de discos. Estos chicos de Austin se ponen a Brian Jones, el mito que se ahogó en la piscina a la sombra de Jagger y Richards, por bandera. Pudiera, pudiera ser. Pudiera ser que ellos fueran la Brian Jones Town Massacre. Desde luego, la lección de los Rolling, y de unos cuantos más, se la tienen bien aprendida. Muy buenos.

Si Strange Boys es un grupo de jovenzuelos que nos traslada a finales de los 60, Faust es un grupo de finales de los 60, más bien inicios de los 70, que nos quiere trasladar a un futuro pensado por entonces y que no fue. Porque Faust es una reliquia del rock, un grupo pensado por Polydor para el éxito y que ellos recondujeron hacia otro lugar: el krautrock. Veamos, improvisemos sin Google de por medio, a ver cómo me sale. Aunque Monkey venda a Faust como creadores del kraut rock, creo que el krautrock, que viene de Alemania, era un poco anterior. Eran seguidores de la música dodecafónica y todo eso y, cuando escucharon psicodelia dijeron pero mira, si esto lo hacemos nosotros hace mucho. Y juntaron una cosa y otra. Quienes estuvieron en el Monkey el año pasado verían a un viejecito simpatiquísimo rodeado de máquinas. Era el fundador de Silver Apples. Creo que más o menos hacía eso. Faust, gran tributo a Goethe y a la rancia tradición germana, estuvo en la onda industrial con Kraftwerk. Tuvo poco éxito, pero fueron influyentes. (Ahora miro la Wilkipedia: bien, no me equivoqué mucho. Faust se separó en el 75 y se volvió a reunir a principios de los 90. De eso no tenía ni idea).

He aquí todo un personaje. Su nombre es Ian Svenonius, escritor y entrevistador de la Red, que se ha marcado varios grupos. Aunque los más listos de la clase hablan maravillas de The Make Up, yo conozco Nation of Ulysses, su grupo de chaval, donde tocaba a finales de los 80 la trompeta ¡en un grupo anarcopunk! Eran muy divertidos, aunque en Chain & The Gang, según cuentan desde San Sebastián, donde se presentaron hace no mucho, la cosa iba más bien de gospel. Los tiempos cambian, querido Svenonius.

A estas alturas Moon Duo no será una sorpresa para unos cuantos. En concreto, para los que estuvieron el pasado 4 de agosto en la sala Milwaukee. Con Moon Duo, al parecer, nos tomamos la segunda taza de krautrock, pero pasado por cosas que no existían cuando los alemanes de Faust quisieron hacer su homenaje a Goethe y a la cadena de montaje. Por ejemplo, Spacemen 3, que o los amas o no los amas o te dan igual, pero no los odias. Yo soy de los dos últimos apartados, pero no paran de insistir que con Moon Duo no te cansas de bailar, de entrar en trance cibernético. Y si lo dice gente que sabe, así sera. Para cualquier otra duda, pregunten en el Milwaukee.

Esto me lo dijo en Madrid Emilio, uno de los mayores coleccionistas de música psicodélica y de trinos de pájaros de este país: "¿Has oído hablar de Hola a Todo el Mundo?" "Con ese nombre no se me habría olvidado". "Es un poema de Whitman, idiota, escúchalos". No había regresado a Cádiz cuando me encuentro con que el concierto de presentación del Monkey en la sala Supersonic (el miércoles) está a cargo de Hola a Todo el Mundo. Ante esta conjunción celestial, me pongo a la tarea de adentrarme en el mundo de Hola a Todo el Mundo. Estos seis tipos están como una regadera, sacados de una pradera o algo así. Hacen folk y hacen de todo con una variedad de instrumentos que emboba. Algunas de sus canciones son la bomba, de hipnosis instantánea. Sólo tienen un disco, pero en ese disco no hay ni un momento en que no digas 'caramba con los chicos de la pradera'. Llamo a Emilio para preguntar si tiene el disco en la colección de psicodelia o en el apartado pastoril de trinos.

Si el Monkey ha decidido tener una vieja gloria en su cartel de la música industrial como seña de identidad -Silver Apples, Faust-, es posible que también haya decidido que siempre exista un toque de excentricidad en el plantel. En este caso, y dentro de que el rock debe tender a lo excéntrico, a Quintron y su acompañante Miss Pussycat les va a tocar representar ese papel. Contamos con un órgano Hammond tuneado, incluido el tubo de escape, y una chica que maneja marionetas de colores. Dicen que el show de la pareja vale tanto para bares de strip tease como para pizzerías, lo que, indudablemente, abre mucho el mercado. No hay muchas referencias a su música, pero no se puede pedir todo. No olvidemos que esto es espectáculo.

He aquí un ascenso de categoría no amañado. Los sevillanos Pony Bravo ya estuvieron el año pasado en el Monkey, pero tocando al tórrido sol de la plaza del castillo, donde se batían los grupos principiantes. Pero la organización entiende que Pony Bravo ya no es ninguna promesa y que su modo de entender la música, su cóctel en el que cabe de todo, pero sobre todo sus guiños al Oeste y sus desvaríos de rock andaluz, merecen estar en el escenario principal. Pony Bravo ganaron en 2008 el Cuircuito PopRock Andalucía. Daniel Alonso, cantante y cartelista del grupo, es todo un animal de escenario y dirige al grupo para unos cambios de registro que pueden dejar descolocado al espectador despistado. ¡De Nina Simone a Tom Waits, de Smash a Love!, dicen los caballos locos. Como para caerse del burro.

La crítica musical de la escena underground se rinde a los pies de este quinteto de Chicago y por eso es capaz de describir a estos muchachos de la manera que encabeza el número 8 del cartel del mono portuense. Esto es, tienen un rock esquizofrénico, que puede querer decir muchas cosas, pero, desde luego, nada que ver con la canción ligera; lanzan gritos chamánicos, que querrá decir muchas cosas menos, pero que no tiene nada que ver con la música de iglesia... y son minimalistas, que eso ya no sé lo que quiere decir. Influencias: Neu! y Comets on Fire, que no es mala influencia.

Hay muchos que están todo el día quejándose de que ya no se hace música como la de antes. No sé si se hace música como la de antes, pero se hace una música que si se hubiera hecho antes formaría parte de nuestra colección clásica de canciones para no olvidar nunca. Por seguir haciendo paralelismos con el año pasado, en el Monkey 2009 hubo dos tipos que, aunque no tuvieron mucha suerte con su directo, son grandes músicos de nuestro tiempo: Howe Gelb y, en menor medida, Josh Rouse. Este año este apartado lo cubre de sobra Andrew Bird, maestro del silbido, explorador del swing y compositor experimental de canciones bonitas en el mejor de los sentidos. De formación académica, y se nota, Andrew Bird es un tipo excepcional que nunca llenará estadios, pero merecería hacerlo. El disco en el que diserta sobra la 'misteriosa producción de huevos' es, sencillamente, una maravilla. Soy dado a equivocarme, pero pronostico que será la gran estrella, el triunfador del Monkey.

Miren, estos gallegos no quieren engañar a nadie. Cuando eran pequeños escucharon el Candy Candy de Jesus & Mary Chain, se embobaron con el 'suave como la nieve pero cálido por dentro' de My Bloody Valentine y se bebieron todas las distorsiones de Sonic Youth. De modo, que hacen lo que hacen. Uno, que cayó en esas mismas mieles en su día siempre prefiere al original, pero nunca desprecia un buen rato con unos interesantes compañeros de viaje.

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