Arte

Goya y Cádiz (galería gaditana V)

  • El artista pasó una temporada convaleciente en casa de Sebastián Martínez a raíz de una seria enfermedad que le provocó su sordera y fruto de la cual pintó en 1792 el retrato del distinguido ilustrado

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En el recorrido que venimos efectuando por este imaginario museo que alberga, repetimos, obras que un día pertenecieron a alguna colección gaditana, nos adentramos hoy en la sala dedicada a Goya.

La relación del maestro aragonés con Cádiz puede escribirse en tres capítulos. El primero, al que dedicaremos más atención, trata de sus relaciones con Sebastián Martínez. El segundo es su viaje a Sanlúcar invitado por la Duquesa de Alba, del que queda constancia en los dibujos del álbum que hoy se conserva en El Prado, contemplando el tercero todo lo relacionando con el encargo de las pinturas que le hace el clérigo-Marqués de Valde-Iñigo con destino a la capilla superior de la Santa Cueva.

En 1792 Francisco de Goya (1746-1828) goza ya de una destacada posición en la Corte como pintor de cámara. Académico de la de San Fernando, ha realizado varios retratos de los Reyes y de otros personajes de la aristocracia y se halla empleado en la que llega a ser para él fatigosa ocupación: la realización de "cartones" para tapices de la Real Fábrica. Tal vez para huir de ello, emprende, sin permiso real, un viaje a Andalucía, permaneciendo primero en la Sevilla junto a su amigo el escritor erudito Ceán Bermúdez. Allí es probable que le ocurran dos cosas: conoce a través de Ceán al rico e ilustrado comerciante Sebastián Martínez y comienza a sufrir los primeros síntomas de una grave enfermedad, tal vez sífilis. Martínez lo hace trasladar a su domicilio de Cádiz, confiando en el buen hacer de los médicos gaditanos de la época, bajo cuyos cuidados se restablece poco a poco el maestro, quedándole, no obstante, como secuela la sordera que ya le acompañará hasta el final de sus días.

Nacido en la Rioja y afincado en Cádiz, Sebastián Martínez (1747-1800), une en su persona, en atinadas palabras de Gaspar Gómez de la Serna, "las características de los caballeros de la Ilustración: los conocimientos científicos y la dedicación a una empresa útil para la felicidad pública, como entonces se decía (perteneció al Real Consejo del Tesoro Público, y al Consejo de Finanzas), además de la afición a la Historia y a las Nobles Artes".

Poseedor de una importante biblioteca, su colección de estampas, pinturas y piezas arqueológicas, "(...)algunas estatuitas antiguas de bronce, de Hércules, Neptuno, etc., que se dice fueron encontradas en la playa de Sancti Petri, en la resaca que el mar hizo el 1 de noviembre de 1755 con motivo del maremoto", destaca entre las otras de igual índole que se forman en el Cádiz del siglo XVIII, siéndonos conocida por la descripción que hacen de ella Antonio Ponz y el Conde de Maule. En efecto, tenía obras de Tiziano -"una Diana sentada sobre sus ropas"- de asunto muy similar, versión o copia, de la tela que perteneció a Felipe II y que hoy está en la Galería Nacional de Edimburgo. De Velázquez contaba con una serie de bodegones, de problemática identificación, como azarosa es también la identificación de la tabla del Salvador del Mundo que tanto Ponz como Maule, asignan a Leonardo de Vinci. Además, pinturas de Murillo, Alonso Cano, Giulio Romano, Zurbarán, Ribera, Andrea Vaccaro, Salvatore Rosa, Trevisano, Lanfranco, Ricci, La Tour, van Loo, Teniers, Rubens, van Hoostade, etc. "Son cuatrocientos cincuenta y siete los cuadros que están distribuidos en varias estancias", puntualiza Maule.

En cuanto a Goya, Martínez le encargó su retrato y tres sobrepuertas. Fechado en 1792, el retrato de Don Sebastián nos lo muestra "in medias res". Sentado en una común silla de enea, el pintor elimina todo espacio entre el modelo y el espectador, haciendo que ambos habiten el mismo y cercano ámbito. Vestido con sobriedad y elegancia, tocado de escueta peluca, tiene en su mano derecha un grabado que acaba de contemplar antes de dirigir al espectador una mirada incisiva y franca. La pintura, cuya firma y dedicatoria autógrafas se leen en el envés del grabado, perteneció a los descendientes de la segunda esposa del retratado, pasando a Madrid donde, en 1906, a través de la adquisición Knoelder, ingresa en el Museo Metropolitano de Nueva York.

En cuanto a las tres sobrepuertas, tradicionalmente vienen identificándose con las siguientes pinturas: Dos mujeres conversando, actualmente en Hartford, Wadsworth Atheneum (USA), Joven dormida de la madrileña colección Mac-Crohon, y El sueño, en la Galería Nacional de Dublín.

La primera de ellas es una escena campestre, cercana por su amable luminosidad al mundo popular y rococó plasmado en los "cartones" para tapices: dos mujeres reclinadas una frente a otra sobre un prado, se hallan absortas y entretenidas en una conversación interesante. Las otras dos telas nos introducen en un otro escenario pleno de misterio y sensibilidad prerromántica. La joven dormida, en el Museo de Dublín, se halla en un interior penumbroso. Recostada en un lecho, solo vemos de ella su cabeza de perfil y la mitad de su cuerpo. Ocultos los brazos, rápidos toques de luz ocres y dorados, van creando un clímax cromático que estalla en los blancos de su pecho. Naturalmente la joven no sabe, indefensa, que es observada, residiendo el ello la sutil carga erótica de la pintura, que se hace patente, de igual manera en la durmiente de la colección madrileña. Situada esta en un lugar indeterminado -¿tal vez bajo un celaje tormentoso?- los pliegues de su vestido ciñen y marcan su anatomía, prefigurando en el lujo de las telas, en el breve pie que asoma bajo ellas, en la ensoñación, en suma, de su abandono, la extensa serie de sensuales odaliscas que irán surgiendo en la posterior pintura decimonónica.

Como hemos señalado en otra ocasión, no podemos dejar de lamentar que todos esos esplendores pictóricos y en general artísticos que hasta aquí venimos describiendo huyeran de Cádiz sin dejar apenas rastro. ¿Habrá una ocasión para reunirlos de nuevo?... Alguna comisión o consorcio tendría que plantearse en serio la idea.

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