Golpe a golpe, verso a verso

Argentina-Cuba-españa, 2009. Dirección: Tristán Bauer.

Hay golpes terribles en la vida, cuyo impacto la hace cambiar de dirección. El choque frontal con la miseria más feroz convirtió a un joven médico de familia bien, que ya apuntaba maneras revolucionarias, en un hambriento insaciable de justicia. Con la bien definida intención de revisar las claves principales de su ideario, este trabajo se sustenta y organiza a partir de fuentes documentales. Así, se han empleado registros de diversa naturaleza, como fotografías, prensa escrita, libros o filmaciones de carácter oficial o domésticas -de donde destaca la propia documentación generada por el protagonista- organizándose en el montaje final en dos líneas narrativas, que se soportan entre sí.

Por un lado, el desarrollo biográfico bien contextualizado en el momento histórico; por otro, la descripción de la investigación previa y sus diversos hallazgos, descubriendo la importancia de los archivos y su preservación. En todo el metraje, quizás excesivo, se desprende una profunda admiración por el sujeto de estudio, tratado en todo momento como "querida presencia", lo que resta la necesaria objetividad del documental, que llega, a veces, a resultar excesivamente plano en su ritmo monocorde de loa. De hecho, ni siquiera las sombras que se proyectan de pasada llegan a ensuciar esa "entrañable transparencia".

Con todo, resulta un trabajo impecable, donde destaca la precisa disección del proceso de forja de un mito, sorprendiendo cómo influyeron el destino, la casualidad o la serendipia para que un tal Ernesto Guevara se convirtiera en el Che. A favor o en contra, su vida siempre despierta curiosidad, más en una ciudad que, además de teñirlo de azul y amarillo, lo ha situado en vértice de la particular Santísima Trinidad de su imaginario, junto a Camarón y el Nazareno (o Medinaceli). Así mismo, no se puede dejar de considerar ese afán por la reflexión y la auto evaluación del comandante, que siempre, tanto en asfalto como en selva, viajó acompañado de su cuaderno de notas, su cámara y su asma, dejando sangre y jirones de piel, como en la canción de Víctor Manuel, en cada verso y disquisición. Ahora que la revolución acampa por doquier, con la sabiduría de no afilar el arma de doble filo de la guillotina, se convierte casi en un deber la toma de conciencia de responsabilidad individual y colectiva ante la marcha del mundo. Hasta la justicia siempre.

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