Glazz, sonido libre abierto al mundo

  • El trío portuense debuta con un disco sorprendente autoproducido

El mar, las gaviotas, una guitarra acústica, ritmos oceánicos y la trompeta evocadora de ultramar saludan un nuevo día, amanecer en El Puerto, y cobran forma los sonidos nuevos y de toda la vida que un trío portuense joven pero con evidente poso cultural acuña en su primer disco, la obra conceptual que está enamorando a quienes han podido paladearlo. Glazz, la propuesta musical de José Recacha, Javi Ruibal y Dani Escortell, ofrece en su debut un brillante paseo por estilos, ritmos y tonalidades fundidos de forma sorprendente hasta lograr un insólito sello personal. De la playita a la ciudad, del estrés al retorno a los orígenes: rock, jazz, músicas étnicas, punk, funk, sinfonismo, un cóctel de categoría. Un disco autoproducido por ellos mismos, músicos de 25 años, portuenses de altos vuelos que hacen lo que quieren, como quieren, sin concesiones y con tiempo por delante. "Aconsejamos escuchar el disco de principio a fin, para captar la historia completa, cada pasaje se ha registrado con cariño y dedicación", comenta Javi Ruibal, a la sazón hijo del ya universal cantautor portuense, y flamante pregonero del Carnaval gaditano, Javier Ruibal. Ahí es nada.

"Fresco, sorprendente, divertido, irónico, intenso, de calidad, cálido, abierto, cléctico, transgresor, fiel a la tradición pero también provocador, sincero, honrado, maduro y evocador". La definición del primer disco de Glazz pertenece a Iñaki Salvador, prestigioso pianista donostiarra de jazz. Se puede leer en la página del grupo en la red (myspace.com/glazzmusic). "Buscamos un sonido propio", subrayan al unísono Javi Ruibal y José Recacha. "Somos técnicos de sonido, así que hemos buscado el color que teníamos en mente, sin pensar en el mercado discográfico, respetando nuestras influencias pero tratando de que suene a música contemporánea, música de hoy". De veras que lo consiguen. "Original y con pegada", sugiere el cantaor David Palomar. "Un sonido personal", subraya Borja Barrueta, batería de Jorge Drexler. El trío instrumental no cabe en su gozo, un disco redondo grabado en su propio estudio, a su ritmo, sin presiones.

Los jóvenes instrumentistas emplean con destreza el bagaje que ya poseen, no en vano han colaborado en directo y estudio con Ruibal, Kiko Veneno, Chano Domínguez, Los Delinquentes, Drexler, Los Cucas, Pepe Begines, Amancio Prada, El Bicho, El Lebrijano o Merche Corisco. El percusionista Javi Ruibal destaca sus influencias flamencas, del funk negro y de la world music, Recacha deja claros sus gustos por el blues, el rock clásico, el jazz electrificado a partir de Miles Davis y los sinfónicos de los setenta, y Dani es puro rock; actualmente participa en un homenaje a Tom Waits. El disco, no podía ser de otra manera, contiene guiños al rock de los sesenta, el jazz de Weather Report y cía, los ritmos africanos y multitud de detalles más. Escuchen atentamente las Punklerías o Fonkyman, piezas de artesanía en plena era de la tecnología. "Hoy en día, si tienes buen oído, puedes hacer un disco con un ordenador y una buena tarjeta de sonido", certifican. Dicho y hecho. Muchos años de trayectoria musical traen estos resultados. Espacio y tiempo juegan a favor. Paciencia y libertad. Glazz persigue una carrera de fondo, sin prestarse a las tendencias actuales de productos perecederos. Javi ha aprendido en casa la filosofía Ruibal, que demuestra que sin plegarse al mercado de dinero fácil y sin escrúpulos, abandonándose a la creatividad, se abre camino al tocar. Y se alcanzan metas insospechadas, amén de la impagable reputación profesional. "Si no quieres, no entras por el aro" de radiofórmulas y operaciones dermoestéticas. Javi no esconde la admiración por su padre, que "siempre ha hecho lo que le ha dado la gana". "Ole, niño, ole ahí", se escucha en el disco tras una montaña rusa de sonidos encadenados. En el disco, por cierto, colaboran el trompetista cubano Carlos Sarduy, que suele tocar con Ojos de Brujo; el bailaor Raúl Ortega y el cantaor portuense Selu. El álbum puede adquirirse en los conciertos del grupo, cuyo lanzamiento coincide sin pretenderlo con la apertura de El Puerto a la música en directo, tras unos meses de cuasi prohibición por parte de la autoridad, o en el correo glazzmail@gmail.com. La calidad de sonido, excelente. "Dicen que suena como si hubiéramos realizado una producción millonaria", remarcan, "pero en realidad hemos estirado el tiempo, hemos trabajado sin prisas, para nosotros mismos, cuidando cada paso".

El guitarrista Recacha, que también cuenta con una amplia cultura musical, acaso contagiado por un padre melómano, se muestra orgulloso de un disco de debut tan extraordinario, y recuerda, sin ánimo de compararse sino como simple curiosidad, que muchos grupos emblemáticos firmaron mediocres o mal grabados primeros discos, mejor no señalar con el dedo. En cambio, otras bandas dieron lo mejor de sí al inicio de sus carreras. Glazz no se plantea el futuro, quizá porque ya sea pasado, y vive el presente con intensidad.

Preguntados por su trabajo, con simpleza y sin dobleces, Ruibal responde del tirón: "Somos músicos". Músicos de carne y hueso, músicos de sesión, de directos, profesores ocasionales de música, técnicos de sonido si se encarta. Dani estudia publicidad, pero también se vuelca en su vocación, bendito veneno.

Glazz ha firmado recientemente la banda sonora de la serie gastronómica El chef del mar, dirigida por Ángel León, cocinero de postín de A Poniente. Tres horas de música original de autor. La banda ya ha confirmado proyectos como su participación en el próximo festival Etnosur y otras sorpresas por desvelar, tanto en la provincia como allende sus fronteras invisibles. De momento, con humildad e ilusión, anuncian que recorrerán el circuito de bares portuense, una vez levantada la veda.

Los directos de Glazz se complementan, al estilo del rock psicodélico de los sesenta pero con otras intenciones y hechuras, con proyecciones audiovisuales de carácter conceptual, de acuerdo con la línea argumental del disco, que así puede traducirse en imágenes con más veras y no sólo imaginarse, desde el comienzo de un día cualquiera de sol y urbe, ventajas y contras de la ciudad y la playa, las prisas y los reductos alejados del mundanal ruido. Todo ello, no es casualidad, se combina en El Puerto de forma natural, merced a las leyes de la naturaleza y al urbanismo salvaje. La impronta de Glazz se deja notar en cada surco del disco, que suena a ribera del río, a alta mar y a jungla del asfalto. Glazz completa un cuadro inusual del mundo moderno.

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