García Montero recuerda su pasado desde una "melancolía optimista"

  • El autor plantea 'Vista cansada' como "un ejercicio de memoria" con motivo de su 50 cumpleaños · El escritor concibe el libro como "el recuerdo de alguien, pero también de un país durante este tiempo"

Antes de cumplir el medio siglo, que alcanzará a finales de año, Luis García Montero realiza un "ejercicio de memoria" sobre su vida en Vista cansada, un poemario en el que su creador recorre su pasado desde una "melancolía optimista".

Curiosamente, fue un lugar en principio tan ajeno a las musas como la consulta de un oculista el que inspiró este libro al poeta granadino. "Empecé a escribirlo hace seis años, coincidiendo con una visita al oculista, que me dijo que tenía la vista cansada. Yo andaba buscando un título para un libro que fuera, sobre todo, un ejercicio de memoria", cuenta el autor de Habitaciones separadas y La intimidad de la serpiente.

Para García Montero, cumplir cincuenta años es "un buen momento" para hacer una meditación sobre el paso de los años, pero "también sobre el paso de la historia". Así, el libro, uno de los primeros títulos de Palabra de honor, nueva colección de la editorial Visor, quiere ser "una memoria lírica que utiliza la memoria personal para hablar de nuestro país en los últimos 50 años".

García Montero rememora los escenarios, vivencias y personajes de su infancia, su adolescencia de primeros versos y paseos a una Huerta de San Vicente donde la casa permanecía cerrada por el exilio de la familia Lorca, su juventud y sus peripecias universitarias "en un país muy politizado". Y en esa trayectoria sentimental, junto a la evolución del protagonista, se dibuja la transformación de una sociedad. "Vista cansada habla de la madurez de alguien que ha asistido a algunos cambios vertiginosos", apunta el poeta.

Dentro de nada, / cuando me den permiso / las fieras de mi tiempo, / cumpliré una palabra que nunca me pediste. / Te llevaré a París, dice García Montero en Madre, uno de los poemas más emocionantes del libro y un símbolo de la serenidad con la que el autor aborda su pasado. "Al escribirlo, me di cuenta de que cumplir años te permite poder matizar. Cuando era joven y pensaba en mi madre, lo que quería era salir corriendo. Ella representaba un tipo de mujer que era todo lo contrario de lo que yo defiendo. Estudiaba Filosofía y Letras, y cuando se enamoró de mi padre lo dejó todo para dedicarse a cuidar a su marido y a sus hijos", reconstruye el escritor, que con el paso del tiempo se reconoce "más capacitado para entender la cantidad de amor, de sacrificio y de renuncia personal de esas mujeres capaces de borrar su vida por su familia".

Pese a desnudar su corazón en este libro, su artífice tiene muy claro que "el poema no puede ser un desahogo biográfico. La poesía es un arte, un ejercicio de conocimiento, no puedes confundir tu personaje biográfico con el personaje que aparece en el poema, que es una reelaboración literaria, estética".

El poeta quería que el título de Vista cansada tuviese "un doble sentido: por una parte, una toma de conciencia de la factura que pasan los años cuando uno va viviendo, pero por otra parte es una apuesta optimista, porque quien acude al oculista y se pone gafas es porque quiere seguir leyendo, buscando los números de teléfono de sus amigos, viendo las noticias de los periódicos", declara.

El galardonado con el Premio Nacional de Literatura y el Nacional de la Crítica asegura ahora buscar "el lado noble de la vida" para "no ser un cínico ni un cascarrabias". Y es, considera, "muy importante mantener la lucidez y no engañarse con los sueños" para seguir con los ojos abiertos y no ceder al cansancio de la vista.

En su estilo, García Montero señala "una apuesta más clara por la palabra sin retórica". Una opción que exige "mucho trabajo, porque la naturalidad es más difícil que la palabra llamativa".

Una poesía limpia que establece "un diálogo ético" con el lector y en el que el poeta reivindica a través de una serie de textos la política. "Cuando yo empecé a escribir, el ambiente estaba tan politizado que si hacías un poema de amor se te acercaba un amigo y te llamaba reaccionario por dedicarte a la intimidad en vez de a las causas públicas. Ahora ha cambiado tanto el panorama... Hoy se asocia la política con la corrupción o la mentira, y me parece muy peligroso porque la política es uno de los modos más nobles de arreglar la convivencia", concluye el autor.

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