Galiardo recibe su premio en nombre de su generación

  • El público se entrega al actor sanroqueño al recoger el Ciudad de Huelva de cine

Un Gran Teatro de Huelva completamente lleno y con palmas por sevillanas despidió anoche al actor sanroqueño Juan Luis Galiardo, que fuer galardonado con el premio Ciudad de Huelva del Festival de Cine Iberoamericano, y que recibió "en nombre" de toda su generación.

Galiardo recibió el premio como colofón a una jornada en homenaje al actor de San Roque, y se lo entregó su esposa, María Elías, para posteriormente emocionarse cuando todo el público se levantó para aplaudirle.

"Esto es lo que vengo buscando desde que el 25 de enero de 1956 mi madre me dejó con tan sólo 16 años: el cariño y el amor de la gente", señaló el actor, que bailó por sevillanas al son de las palmas del público ya con el galardón, que representa una carabela, en las manos.

A su llegada al teatro onubense lo esperaba el alcalde de Huelva y presidente del Patronato del Festival, Pedro Rodríguez, a quien dijo: "Quiero hacer una película contigo, porque no hay una sonrisa ni una personalidad como las tuyas".

Amigos personales del actor, y el director José Luis García Sánchez acudieron al acto para arroparle en el acto oficial de la entrega, que ha culminado con la proyección de Familia, de Fernando León de Aranoa.

Antes, en rueda de prensa, el actor gaditano destacó que "el cine está bien, pero es un poco cabrón" porque, según apuntó, "te lo cortan todo".

Acompañado del director José Luis García y de la productora teatral Chusa Martín, Galiardo consideró que forma parte de una "generación de supervivientes de la postguerra que, por diferentes caminos, han buscado señas de identidad", a lo que añadió que se dedica "a esto por conocer gente, ser querido, amado y chocarme con ellos".

Respecto a su profesión, el actor explicó que le "gustan mucho" tanto el teatro como el cine, e incluso "la televisión, el cabaret. El espectáculo me gusta en general, oficiaría algún sermón en la iglesia si dieran algo considerable". Además, mostró a un alumno del Aula de la Experiencia de la Universidad de Huelva, miembro de su aula de teatro, que lo "más importante" para ser un buen actor es "saberse el texto y no tropezarse con los muebles".

Respecto a su obra más difícil, Galiardo aseguró que fue El crimen de doble filo (1964), de José Luis Borau, "porque tenía un papel muy corto y entraba y salía de escena para seguir apareciendo". Sobre la importancia que tiene el cine en su vida, el actor reseñó que "una película es una película, lo importante es la vida, que hay que desdramatizarla y no vender el oficio con angustia".

Por su parte, García bromeó con la imagen que muestran los galanes: "Nada gusta más que verlos gordos, y Galiardo es el recuerdo de un Tenorio que fue y ya no es".

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