Fumantes sin complejos

  • El artista Carlos C. Laínez presenta una obra fresca y arriesgada planteada desde la figura del fumador sin miedos

La Sala Cal de Jerez es un espacio expositivo que el arquitecto Ramón González de la Peña tiene anexa a su estudio. Aunque no con una continua programación, la Sala Cal presenta una serie de exposiciones en las que se intercalan nombres de conocida y solvente trayectoria con otros jóvenes que comienzan su andadura y a los que se les prevé una más que expectante proyección. Por eso, a Carlos C. Laínez, un artista consolidado en el panorama artístico de la provincia, era lógico verlo en esta sala de exposiciones por la que ya han pasado buenos autores consagrados y jóvenes muy prometedores.

El artista jerezano, afincado en Chiclana, ha cubierto sucesivas etapas en una pintura a la que siempre le ha imprimido un lenguaje muy particular y que planteaba un relato ilustrativo jocoso, sabio, esencial y lleno de la más fina ironía.

Desde aquellas felices series protagonizadas por niños que nos mostraban una galería de entrañables juegos tradicionales, ajenos a las exuberancias y sofisticaciones al uso, hasta esta sutilísima colección de grabados, ha pasado mucho tiempo. Entre lo de ayer y lo de ahora, hemos asistido a la aparición de varios momentos de justa y trascendente pintura; una pintura característica de un Carlos C. Laínez más asentado en su propia personalidad creativa que nunca y desarrollando ese particular lenguaje de sabio contador de historias.

En el recuerdo de todos están Los Oficios Imposibles, aquella magnífica serie que recreaba un universo de presencias y ausencias, de ficciones y realidades y que tuvo su felicísima proyección en una espléndida publicación con textos de Josefa Parra; también aquella otra con los gatos como protagonistas de una particular y bella iconografía; o aquella otra, Ejercicio de mitología, en la que se le daba a los héroes, mitos y dioses una especial recreación con la característica dicción del pintor y diseñador.

Esta muestra jerezana se surte de gran parte de los momentos artísticos por él planteados anteriormente. Ahora, el artista crea un personaje muy a lo Carlos C. Laínez y lo dota de ese entrañable y sin igual hálito, también a lo Carlos C. Laínez.

Se trata de un dibujo esencial y esquemático, sin exuberancias compositivas ni excesos dialécticos, permiten la gestación de este personaje, fumador empedernido, al que no le aflige prohibición alguna ni campañas apocalípticas antitabaco.

Los fumadores de Carlos C. Laínez, sus fumantes, son felices en apariencia, fuman con placer, ajenos a las recomendaciones, fuman sin miedos, fuman sabedores de lo que hacen y por qué lo hacen.

La exposición nos vuelve a reconducir por un Carlos C. Laínez más fresco, sin atadura alguna; más arriesgado y, por tanto, más Carlos C. Laínez. Encontramos a un pintor mas audaz y creativo, como aquel del principio, el que ofrecía suma espontaneidad, esa que él, prácticamente, inventó y la llevó a su máxima genialidad.

Y, además, Carlos C. Laínez se ha valido de unos especialísimos textos salidos de la, también genial, factoría creativa de Quique Crespo, cuya conjunción absoluta con los fumantes crean un ejercicio de mágico poder embaucador.

A los fumantes del artista Carlos C. Laínez no los va a matar el cáncer del tabaco, tampoco se les va a ver disminuida su capacidad seminal, ni exorcismos que no convencen. Sólo nos van a ofrecer un sabio, feliz y trascendente destino. Gocemos con el humo beneficioso de estos locos maravillosos.

La muestra puede verse hasta el 17 de mayo.

Carlos Laínez Sala Cal, (Jerez) Puede verse hasta el 17 de mayo.

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