Fandiño mantiene el crédito en Las Ventas

  • El diestro vasco corta una oreja · El Fundi y Aguilar, de vacío · Corrida dura de Cuadri, siendo la excepción el buen quinto

GANADERÍA: Corrida de Cuadri, enorme, con poder y peligro. El tercero, un toro manso y a menos, fue ovacionado, injustamente, en el arrastre. El quinto, que fue la excepción, embistió bien en la muleta, aunque fue a menos. TOREROS: José Pedro Prados 'El Fundi', de verde y oro. Pinchazo y estocada corta (silencio). En el cuarto, estocada y un descabello (pitos). Iván Fandiño, de lila y oro. Estocada (vuelta tras petición). En el quinto, estocada (oreja). Alberto Aguilar, de nazareno y oro. Estocada casi entera (saludos). En el sexto, dos pinchazos, estocada, otros dos pinchazos y un descabello (silencio tras aviso). Lleno. Viento. En el quinto, saludó en banderillas Pedro Lara.

El adiós al maratoniano San Isidro se cerró con el triunfo de Iván Fandiño con la emblemática ganadería onubense de Cuadri. El encierro, con cuajo y hondura, resultó muy duro y con peligro, a excepción del buen quinto.

Iván Fandiño, muy arropado por el público, volvió a dejar apuntes de una tauromaquia que busca la pureza y rozó la Puerta Grande. Le faltó rotundidad, algo más de cabeza y buena suerte para que su premio, una oreja, hubiera sido mayor. El vasco consiguió el único trofeo de la tarde del quinto toro, serio, acapachado, que fue a más y embistió bien en la muleta. Fandiño toreó bien con la capa, brillando en un par de verónicas y otras dos medias, con sabor. En las afueras y sin probaturas, destacó con la diestra, especialmente en una serie con ligazón, con muletazos profundos y limpios, rematados con un hermoso pase de pecho. Con la izquierda, se alternaron naturales meritorios con algunos enganchones. El epílogo, con manoletinas ceñidas, impresionó al público. En la suerte suprema se tiró a matar de verdad, enterrando el acero y rodando el toro de inmediato.

Con anterioridad, al segundo, un toro con movilidad y mirón, que medía bastante, Fandiño lo lidió en las rayas, en lugar de sacarlo -posiblemente para evitar el viento-. El toro, en esos terrenos, apretaba en exceso. Destacó en una serie con la diestra. Cuando llevó al cuadri a las afueras logró una tanda entonada al natural. En cualquier caso, el astado fue a menos. El toro tardó en caer tras otra estocada entera y el público se enfríó en la petición de oreja.

El Fundi se lo pensó tanto como su difícil lote. Al descomunal primero -618 kilos-, con guasa, lo macheteó tras probaturas y coladas. Ante el cuarto, con peligro, el trasteo fue más breve y conservador.

Alberto Aguilar cumplió dignamente. Se la jugó a cara de perro con el tercero, un toro a menos, que desarrolló sentido. El madrileño sufrió un varetazo en la pierna derecha y se libró de una cornada cantada al matar. Un sector del público ovacionó al toro de manera injusta. Con el sexto, alto, complicado y sin entrega, labor porfiona y mítin con los aceros.

San Isidro, que este año ha contado con un puñado de carteles de lujo -rara avis-, se ha saldado nada menos que con tres diestros a hombros -Talavante, Manzanares y Jiménez-, con un final explosivo de unos cuadris de respeto, que deparararon también una actuación considerable de un Iván Fandiño que mantiene su crédito en Las Ventas.

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