Extremodurísimo

  • La banda de Robe Iniesta 'aplasta' a más de cinco mil personas en una noche vehemente y brutal de rock salvaje

Implacables, sin piedad, directos al mentón. Con la gente a su merced. Extremoduro se parece cada vez más a su público: agrestes, líricos y canallas en su conjunto. Luego, cada uno es como es: camisetas de glorias del jevi, de los Ramones, de los Beatles y hasta de los Allman Brothers. Rockeros en esencia. Más de cinco mil personas, anteanoche en Jerez, vibraron con el durísimo concierto de Extremoduro y rindieron pleitesía a su antihéroe, Robe Iniesta, el índómito creador de un universo marginal, primitivo y muy particular que huye de los tópicos en las letras, coreadas a pleno pulmón por todos, y emplea con habilidad los tics del rock pesado, el punk y los ritmos del vértigo. Robe y compañía noquearon a los presentes, que pasaron de la euforia a la exaltación de la amistad, del botellón inicial para eludir los abusivos precios al arreón final, una salvajada de riffs y carreras, hasta que sonó la campana. Menos mal que no llovió, con cinco gotas la explanada del Palacio de Deportes se habría transformado en un lodazal. Hoy hay mucha gente ronca. No sólo Robe.

Deltoya abrió fuego con vehemencia, la banda de Robe e Iñaki Antón desgranó sus grandes éxitos y sonados fracasos a lo largo de dos horas y media, con un cuartito de hora de descanso, ya habitual en sus espectáculos, que devolvió a la gente a la realidad cardíaca, a algunos de ellos plenamente embrutecidos. "¡Me estoy quitando!", exclamaba sin cesar un señor muy colgado. "No la va a cantar", terciaba él mismo a su colega de junto. Pedía la versión de Tabletom, pero no sonó. Erre que erre, hasta perder el vigor y la esperanza, el gachó terminó confesando a viva voz: "¡Ya me he quitao!" Entrañable.

Por cierto, qué bonito es el amor cuando Robe abre la cajita de los besos hipotecados y una pareja de rudos chavales de barrio periférico demuestran su sentido y sensibilidad en mitad de la explanada. Sexo, drogas y rocanrol en tiempos de crisis.

Macetones de cerveza y licor, aromas de amapola, cayó una cosecha entera entre luces y brumas. Cuernos al viento, botes sincopados, pandillas a cien por hora, explosión total, un volumen descomunal y la parafernalia rockera. Cabalgadas gloriosas, solos de larga duración y ráfagas de rocanrol en seco, calma chicha para volver a tronar, y así hasta configurar una noche de pasión, con el sello de Robe, hasta temblar el suelo y estremecerse los corazones solitarios. Himnos acelerados, lenguaje claro y conciso, varios momentos de clímax, conexión entre artistas y audiencia y un estreno del flamante disco: Dulce introducción al caos, que sonó de maravilla, hermosa, compleja e inspirada, en las antípodas de otras piezas sin pulir pero no menos atractivas, aunque una mijita aceleradas. Número uno en ventas, una cosa extrema y jevi, la ley innata de la naturaleza y temas de ayer y de hoy: Sol de invierno, Buscando una luna, Pepe Botika, Jesucristo García, y a la postre, en los bises, una chica muy pintiparada gritaba a los cuatro vientos: "¡Puta!" Y la tocaron. Y luego Salir. Y Robe pensaría pa sus adentros, una vez agotadas las existencias: "Irse ya, con el morao". No sin antes largar su colección de letanías. Concreté la fecha de mi muerte con Satán ..., ¿Dónde están mis amigos? En Carabanchel, La Modelo, Puerto de Santa María. Sucede que me canso de ser hombre, reconocido guiño poético a Pablo Neruda, quien anoche habría exclamado sin tapujos, remedándose a sí mismo: "Confieso que he bebido".

5.000

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