"Existe una concepción sesgada de lo que constituye nuestro patrimonio"

  • Doces meses después de su nombramiento, Pico subraya los objetivos marcados desde la institución: una presencia activa en la ciudad y la contribución a un mayor entendimiento de la labor arquitectónica

Al año de haber sido elegido decano del Colegio de Arquitectos, Ramón Pico insiste en la "vocación social" a la que debe aspirar todo colegio profesional. Posicionándose, por ejemplo, en casos como el de la Escuela Náutica o contribuyendo a hacer entender la función y peculiaridades de la arquitectura y sus manifestaciones.

-El ciclo de la India de este año está teniendo un gran éxito. El año pasado, fue el monográfico de Rusia… ¿De dónde salió la idea de los ciclos? ¿Qué se pretende con ellos?

-En principio, son actividades pensadas como un 'precalentamiento' al viaje de estudios que organiza todos los años el Colegio de Arquitectos. Una formación previa es necesaria especialmente en aquellos destinos más desconocidos, porque Londres le puede sonar a todo el mundo… Son destinos -como China, el año que viene- que te obligan a un acercamiento no sólo arquitectónico sino también genérico. Pero digamos que el viaje es la excusa: el objetivo se enlaza con la preocupación por acercar actividades y aumentar la presencia del Colegio en la ciudad.

-Una de las cosas que se pueden observar de manera clara en este ciclo es hasta qué punto el modo de vida, las costumbres, la geografía… determinan la edificación.

-Se aprende que la arquitectura es una forma de expresión más. Por eso precisamente, cualquier construcción ha de estar atenta a todo lo que la rodea en el sentido más amplio, nunca puede ser un objeto extraño que aterrice en el lugar -aunque hay arquitecturas maravillosas y ensimismadas pero es el propio lugar el que las reclama-. Debe ser una arquitectura consciente de lo que se está haciendo, de los materiales, de su situación… Eso no significa seguir haciendo siempre lo mismo: hay que reinterpretarlo. Hemos de adaptar a una arquitectura del siglo XXI lo que se hacía ya en Cádiz, manteniendo sus características.

-¿Cree que existe suficiente concienciación sobre el patrimonio arquitectónico?

-Hay una concepción sesgada de lo que es el patrimonio. Sí existe con construcciones evidentes, como una iglesia o un castillo, pero no se va mucho más allá, y el patrimonio es un legado. Etimológicamente, es lo que te viene de tus padres, y tus padres te pueden dejar muchas cosas, algunas que sólo tengan valor sentimental o que ni siquiera tú sepas lo que valen… Deberíamos tener una percepción completamente abierta del patrimonio, que incluyera a la arquitectura contemporánea, la arquitectura industrial… Y tal vez sean precisamente esos campos los que más nos interesa defender desde el Colegio de Arquitectos, porque lo otro ya se defiende solo.

-¿A qué cree que se debe ese desamor con la arquitectura contemporánea?

-Tal vez porque no estamos acostumbrados a verla, porque no está metida en el canon de lo tradicionalmente valioso. También es cierto que la arquitectura actual ha cometido muchos errores: hemos de tener en cuenta que en el siglo XX se ha construido mucho más y más rápido que en muchos siglos juntos… y la culpa de esto no sea quizá de la arquitectura sino de la sociedad. El tema del desarrollismo, por ejemplo. Igual que ahora lamentamos toda la costa que se ha perdido, dentro de unos años nos estaremos lamentando de la cantidad de territorio que nos hemos cargado a base de urbanizaciones y se dirá 'qué espanto lo que hacían en el 2000'. La misión es precisamente procurar enraizar lo que se construye con la cultura, con el lugar…

-En este sentido, ¿hacia dónde pretende enfocar su mirada el Colegio de Arquitectos?

-Como es lógico, nuestras actividades giran en torno a ese binomio clásico de la profesión entre técnica y arte. Y con ellas, pretendemos romper esa imagen algo bohemia de los arquitectos, que parece que viven metidos en su mundo de ensoñación. Porque sí es cierto que la nuestra es una actividad que tiene que emocionar y provocar pasiones, pero no es menos cierto que implica muchas horas de estudiar cimentaciones, sistemas eléctricos… algo muy alejado de las cotas de glamour supuestas, pero que también contribuye a hacer de la sociedad algo más confortable.

-¿Cómo imagina la ciudad dentro de cinco años, tras las transformaciones del 2012?

-Cádiz es una ciudad con fuerza, llena de vitalidad y energía y un evento, de la naturaleza que sea, difícilmente va a cambiarla. Tiene tanta vida que no hace falta ningún tipo de acontecimiento para impulsarla. El 2012 se notará, sobre todo, en acciones cotidianas, como Santa Bárbara o el Plan Urban, los cambios en la avenida del puerto o remodelaciones como la de San Sebastián. Una serie de ejercicios de acupuntura que le darán mayor fluidez a la ciudad.

-¿Es una unión inevitable, la de la clase política y la arquitectónica?

-Bueno, los políticos necesitan de los arquitectos como símbolos: hay ciertas construcciones que pueden llegar a ser iconos… Pero el colectivo es muy amplio: incluye a los que trabajan para el sector público, a los arquitectos estrella e, incluso, a aquellos 'antisistema'.

- ¿Qué diría que es la globalización, aplicada a la arquitectura?

-Además de lo que es en sí la globalización pura e inevitable aplicada a la arquitectura -materiales, técnicas, entendimiento de nuevos espacios...-, yo diría que vamos hacia una glocalización. Hay que tirar de lo local, como decíamos antes, pero sin estar en una burbuja: hay que ser muy consciente de por dónde sale el sol en cada sitio.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios