Rojo y negro

"Espero que la voz de mi personaje intrigue, atraiga y seduzca al lector"

  • 'Recursos Humanos', la novela que le valió al autor el Premio Herralde el año pasado, realiza un mordaz retrato del mundo laboral. El escritor opina que, en la vida real, "tampoco hay lugar para el optimismo"

Que el lugar de trabajo puede llegar a ser un trasunto cotidiano del infierno parece haberse convertido en un tópico de nuestro tiempo. Aunque después de leer la novela Recursos humanos de Antonio Ortuño el nuestro llegue a parecernos, si no el paraíso, al menos una versión bastante llevadera del purgatorio.

Antonio Ortuño (Guadalajara, México. 1976) ya era considerado por algunos críticos un enfant terrible de las letras mexicanas cuando consiguió ser finalista del prestigioso Premio Herralde de Novela a finales del pasado año con esta novela. Sin embargo, a él, el papel de joven promesa de la literatura parece no gustarle demasiado: "La juventud es un mal, pero afortunadamente temporal y curable. La literatura son palabras y no estadísticas antropométricas. Espero con ansia los 88 años", asegura con desbordante vitalidad.

Recursos Humanos es una sátira mordaz y descarnada sobre la crueldad, el arribismo y lo más bajo de las relaciones personales. Para Ortuño, que ya había publicado anteriormente la novela El buscador de cabezas (2006) y el libro de relatos El jardín japonés (2006), este libro ocupa ahora mismo un lugar "central" en el conjunto de su obra y admite que gracias al Premio Herralde ha ganado más lectores, aunque ya adelanta que, "naturalmente, espero mejorarlo y escribir quince o veinte novelas estupendas. Pero si fueran a matarme dentro de un rato al menos podría decirme, mientras caigo, que publiqué un par de libros divertidos".

El protagonista de su novela, el lenguaraz Gabriel Lynch, es un personaje marginal y violento que gasta una insaciable mala leche pero con el que, pese a todo, al lector le cuesta poco simpatizar. Ortuño explica que con este personaje ha pretendido construir "una voz narrativa concreta" y añade que no espera "que nadie se sienta Gabriel Lynch: espero que la voz de Lynch narrando sus pendencias intrigue, atraiga y seduzca".

El desconcertante relato de las "pendencias de Lynch" está narrado en una primerísima persona de desbordante vitalidad y maquiavélica imaginación que, "por fortuna", sólo tiene de su autor "la prosa y la percepción de las cosas y las personas, que es irremediablemente mía, aunque sea fingiendo la voz y acentuando precisamente los rasgos que no son míos".

"Madame Bovary soy yo, claro, pero también el resto del elenco. De la sociedad mexicana -nunca aparece la palabra México en mis novelas- supongo que tendrá aquello que tengamos los mexicanos de común con los mortales. Me interesa la gente pero no le pido pasaporte a mis personajes. En México piensan que escribo como español. Así es esto", explica el autor.

Recursos Humanos es una novela en la que no hay lugar para la esperanza y en la que todos los personajes, hombre y mujeres, están condenados a ser mezquinos y cínicos. Ortuño opina que en la vida cotidiana "generalmente tampoco" hay lugar para el optimismo pero apunta que "la redención es un tema literario interesante". "Si se lee a Chesterton o a Kipling se recupera algo de esperanza en la gente. Quizá injustificadamente", añade.

No obstante, entre el descarnado tejido de las relaciones humanas que el autor teje se escapa algún fleco de simpatía hacia el protagonista de su novela, que evoca su infancia, sus problemas familiares, sus deseos ocultos para ganar en profundidad y explicar y explicarse, que no justificar, su proceder.

En Recursos humanos el lector queda enganchado por una historia sorprendente pero, sobre todo, por una prosa desbordante de la que el autor procura "eliminar lo que entiendo como accesorio". Ortuño escribe "hasta dar con el tono que quiero y sigo esa ruta" y asegura que la escritura, "más que un reto, es un paseo en busca de ciertos asuntos estéticos precisos. Mi canon es: si no me divierte a mí no sirve. Si me divierte puede que sirva".

Y Antonio Ortuño se divierte ahora preparando una nueva novela "con algunos anarquistas inmiscuidos. Nada histórico, aunque en un contexto de época. Me agradan los anarquistas de la vieja escuela, barbones y misteriosos", explica para dejarnos a la espera.

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