Diálogos generacionales (II)

Sonia Gómez hizo la segunda parte de su Kill Bill particular con Las Vicente matan a los hombres, un espectáculo de nuevo con su señora madre en escena. Tal vez las dos obras, que no son muy largas, se podrían haber hecho juntas, pues forman un díptico, con semejanzas y diferencias. Entre las segundas, no es un espectáculo tan confesional como el que vimos el viernes. Ha más elaboración, aunque no falta un sketch -desfile de tendencias, la llaman ellas- donde madre e hija dialogan. U otro en el que se intercambian letras de canciones, contrastando las romanticonas de la época de la señora y las más macarras del actual hip hop. Una muestra que a pesar de la colaboración entre ambas hay cosas que la separan. Curioso también el final, cuando la madre de la artista dispara contra una diana de las que usa la policía para practicar tiro. Una forma de decir que las Vicente no necesitan a los hombres, verdaderos ausentes de las dos funciones.

Hay otras cosas interesantes, como los vídeos que puntean la obra y sirven para la transición entre escenas, con una estética pop muy atractiva. Pero este espectáculo no acaba de cuajar, porque esta vez el arma que le valía en Mi madre y yo se encasquilla. No se aprovecha bien la figura de la señora Vicente, que a la hora de interpretar deja demasiado al descubierto sus carencias y no encaja tan bien con su hija en escena. Además, no cuadran bien los diversos elementos. Hay partes como las citadas que tienen una intencionalidad clara y otras más gratuitas, que parecen pagar el peaje de ser un espectáculo de vanguardia. Pero no cabe duda que junto con los espectáculos de Sergi Faustino, los de Sonia Gómez no dejan de demostrar que hay otros caminos para la escena.

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