Rafael Álvarez, el Brujo. Actor

"Detrás de un monólogo hay muchas horas de trabajo y un equipo de gente"

  • El intérprete cordobés llega esta noche al Gran Teatro Falla para representar 'Mujeres de Shakespeare', un recorrido humorístico por los personajes femeninos del dramaturgo inglés

-¿Qué trae esta noche al Falla, qué es Mujeres de Shakespeare?

-Mujeres de Shakespeare es un espectáculo que está basado en los personajes femeninos de las comedias de Shakespeare, fundamentalmente de las comedias, a excepción del caso de Julieta. Es un repaso a los personajes femeninos de la obra de Shakespeare. Yo lo he hecho siguiendo la orientación del profesor Harold Bloom, que tiene en La invención de lo humano un libro antológico sobre la obra de Shakespeare, donde se destaca la importancia y la brillantez de los personajes femeninos, especialmente en las comedias.

-¿Es un homenaje a la mujer o quizás a aquella manera de hacer teatro en la que entonces las mujeres no representaban, sino que los personajes femeninos eran encarnados por hombres?

-Sí, trata sobre todo eso, sobre el papel femenino en el teatro, la representación de los papeles femeninos en el teatro isabelino, que está encomendada a hombres, y en cambio en el teatro del barroco español no, pues había mujeres en la compañías de comedias. Y sobre todo la visión del universo femenino por parte de Shakespeare en un ambiente donde las mujeres sólo podían ser interpretadas por hombres, pero en cambio los personajes femeninos tenían todos ellos una profundidad y unos diálogos increíbles, y una fuerza, una verosimilitud muy potente, muy potente.

-¿Cómo se transmite todo eso en la obra?

-Trata sobre eso en un ambiente de comedia, festiva, a veces paródica, con mucho humor, y es un repaso a las comedias, Como gustéis, La fierecilla domada, la comedia Trabajos de amor perdido, con el papel de Rosalinda, que es un nombre que se repite mucho en las comedias de Shakespeare, como protagonista de dos obras suyas, y también Rosalinda es la chica de la que está enamorado Romeo antes de conocer a Julieta.

-Sigue apostando por los monólogos. ¿Cuándo se abre el telón y aparece Rafael Álvarez, El Brujo, solo en escena, qué y quién hay detrás de esta obra?

-Bueno, hay muchas horas de trabajo y hay un equipo de gente que lleva conmigo años, quince años trabajando de una manera continuada y es una especie de factoría artesanal, de obras, con un estilo peculiar y que han constituido a lo largo de estos años un desarrollo técnico muy personal, una especie de género que ya se ha creado, que es un monólogo basado en textos literarios de gran importancia, sean Shakespeare, el Evangelio de San Juan, pero trasladados al público de hoy con una forma accesible y con un lenguaje que llegue a la gente y, sobre todo, con mucho humor.

-Y sigue decantándose por los clásicos.

-Sí, los textos clásicos son para mí un aprendizaje muy largo, textos de una riqueza impresionante. Algunas veces hago textos de autores contemporáneos pero que también son clásicos, como Dario Fo, que es un clásico del siglo XX, o Patrick Süskind. Generalmente, tengo todavía mucho que aprender de los clásicos, Shakespeare, La Odisea, Lazarillo, el siglo de oro español...

-De Dario Fo interpretó San Francisco, juglar de Dios, ¿Le ha recordado algo de esta obra la reciente elección de Papa?

-Sí, estuve en Cádiz con esta obra. Me ha recordado mucho, muchísimo, porque hay un fragmento en el que San Francisco de Asís va a ver al Papa, y es un momento que ahora cobra gran actualidad. Utilizo este fragmento en otra obra que estoy haciendo ahora, que se titula Cómico.

-Además del paisanaje andaluz, con Cádiz le une también la figura de Fernando Quiñones, de quien hizo El testigo.

-¡Ah, sí, sí! Tengo muchas ganas de hacer otra vez El testigo en Cádiz, porque lo hice solamente una vez, en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro, y fue un éxito impresionante, y yo creo que esa obra tiene que volver a Cádiz, tengo que volver a hacerla en Cádiz.

-Dedicó usted palabras preciosas a Quiñones cuando hizo esta obra.

-A Quiñones le conocí en mi época de estudiante, era lector suyo y de los poetas de esa generación, como Félix Grande, García Baena, Fernando Quiñones, Caballero Bonald... Todos andaluces, menos Félix Grande, pero que tiene tanto flamenco como ellos, y eso que todos ellos son muy flamencos, muy aficionados al flamenco.

-¿Hay algún personaje más de Quiñones que se pudiera llevar a las tablas de un teatro?

-Pues no lo sé, pero seguro que sí. Porque su obra es muy viva, muy teatral, en el sentido de que los personajes son muy verosímiles, con un lenguaje que los retrata y los convierte en personajes vivos.

-Todo lo que está pasando ahora en España y en Europa: corrupción, rescates, el euro , Chipre... ¿A usted le suena a comedia, a tragedia o a esperpento?

-Es una cosa más esperpéntica, pero con tintes trágicos. El esperpento tiene un toque de tragedia distorsionada o disparatada, pero no deja de tener un fondo trágico, por ejemplo en Los cuernos de Don Friolera, que es un esperpento con un tragedión, pero que la forma en que se representa literariamente es una estética distorsionada y, por lo tanto, el dolor parece estar atenuado porque la estética lo mitiga. Todo esto me parece duro. Estamos asistiendo a un cambio de ciclo de la humanidad, de civilización, cuyo alcance no podemos calibrar porque nuestra perspectiva es más corta que la vida de un hombre. Creo que es un cambio de un alcance muy fuerte, que viene con el cambio global, las tecnologías nuevas, es un cambio de una escala muy grande.

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