Destrucción y belleza marcan 'Los límites de la niebla'

  • El artista argentino Amadeo Azar convierte la Sala Rivadavia en punto de encuentro de lugares opuestos con 22 piezas

Estaba a tres cuadras del obelisco. Y no lo veía. El día que Amador Azar fue invitado por la Fundación Provincial de Cultura a exponer su obra en la Sala Rivadavia un humo denso, casi lechoso, invadía Buenos Aires. "Todo se veía borroso, era difícil respirar y muy complicado distinguir las formas de las cosas", rememora el artista que, entre asombrado y divertido, no dudó en inmortalizar su vívido recuerdo de aquel día con el título de la muestra que ayer se inauguró en Cádiz, Los límites de la niebla.

Veintidós obras, entre acuarelas y pinturas, conforman la exposición del artista argentino que mueve su creatividad entre la belleza y la destrucción. "Más bien en los puntos de encuentro entre esos dos lugares opuestos", apunta Azar, que confiesa que "le gusta el hecho de la destrucción de la obra" como manera "de recordarla", "de desacralizarla", con la intención de encontrar "su punto más cotidiano". "No sé, creo que destruir la obra también es una forma de honrarla", opina el artífice de Vandalismo sobre Siquier, un cuadro en el que una figura humana repinta de blanco una obra del artista.

En Rivadavia, Amadeo Azar utiliza las dos salas del centro "con un carácter diferente cada una", aprecia. En una de ellas, el pintor coloca las acuarelas, tanto de gran formato como las pequeñas, "a veces hasta parecen dípticos", apostilla. Obras que, en ocasiones, se acompañan de textos "que complementan o contradicen lo que se ve", juega Azar. Estas frases o palabras se esconden, con elegancia, en los propios cuadros. Recuerdos de su mar del plata cargados de efectos letales como la imagen del hotel que construyó Perón -"un hotelito en el que se hospedaba la clase media de los años 50", explica- en donde las ventanas forman la palabra Fuck. "Este recurso es casi como poesía visual, muy básica, claro, pero con esa intención", añade.

En la segunda sala, las pinturas "también hablan de lo mismo" pero de una forma "más silenciosa". "En apariencia -explica Azar- en Los límites de la niebla parece que conviven muchas temáticas, pero, al final, todo tiene el mismo sentido".

Un latir propio del descreimiento de la generación del artista. Un mirada documental de las cosas, "sin compromiso aparente, como una mirada distante", relata. Una visión que nace del cine, de la cultura de la imagen, del impacto visual. Como esos grandes camiones que Azar pinta golpeados y accidentados. O esas habitaciones desordenadas, que intuyen al adolescente o al estudiante despreocupado.

"Ha sido toda una experiencia montar la exposición a distancia -ríe Amadeo que, ahora, sí se encuentra en Cádiz- pero estoy contento con el resultado".

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