firmado: mister j.

Dentro de la ciudadela escarlata

  • Un Conan maduro, rey de la todopoderosa nación de Aquilonia, se enfrenta a un golpe de Estado y a las aviesas artes de la brujería en un sabroso cómic

El texano Robert E. Howard creó su personaje Conan el cimerio -cimmerian en inglés, en referencia al pueblo de la antigüedad citado, entre otros, por Homero y Plutarco- en marzo de 1932. Lo hizo con el célebre relato titulado El fénix en la espada, atinada reescritura de un cuento inédito del rey Kull, By This Axe I Rule!

Dicho debut tardaría varios meses en ver la luz. Fue publicado en diciembre de aquel mismo año en las páginas de Weird Tales, y, en el ínterin, arrebatado por su poderosa creación, Howard compuso del tirón otros dos relatos más del personaje: La hija del gigante helado y El dios en el cuenco, pero ambos fueron rechazados por la revista pulp y quedaron sin publicar durante décadas. Antes de acometer el cuarto relato de la serie, esa maravilla titulada La torre del Elefante, el escritor sentó las bases de su era hiboria -la época ficticia de la prehistoria en que transcurren las aventuras de Conan- con un singular texto titulado sencillamente La era hiboria. Allí se repasan los "hechos" históricos desde el comienzo del mundo hasta el inicio de nuestra propia civilización y se da noticia de una permanente sucesión de razas y naciones en una lógica similar a la expresada por Helena Blavatsky en La doctrina secreta (1888). Ese extraordinario esfuerzo de sistematización introdujo una mayor y más patente lógica interna en el tono y la ambientación, una mayor solidez, y no es arriesgado afirmar que, en muchos aspectos, La torre del Elefante -cuya idea muy probablemente le vino a la cabeza a Howard mientras revisaba El fénix en la espada- es el verdadero comienzo de toda la serie. Sin embargo, tampoco fue La torre del Elefante el segundo cuento de Conan que logró ser llevado a imprenta. Tal honor corresponde a La ciudadela escarlata (Weird Tales, enero de 1933), la quinta aventura del cimerio escrita por Howard.

Al igual que El fénix en la espada, La ciudadela escarlata nos presenta a un Conan maduro, rey de la todopoderosa nación de Aquilonia, enfrentado a un golpe de Estado y a las aviesas artes de la brujería. Pero todo lo que está a medio cocinar en El fénix en la espada resulta en este otro relato totalmente en su punto, sabroso, especiado y hasta picante. El derrocamiento temporal del cimerio y su encierro en la truculenta y ancestral torre rehabilitada por el nigromante Tsotha-Lanti es la excusa perfecta para introducir al lector en un entorno terrorífico, de sangre y crueldad y aberraciones sin cuento. La carnalidad, casi pornográfica, es uno de los puntos fuertes de la literatura de Howard, y pocas veces halla el lector de su obra un festín tan jugoso como en las delirantes y acongojantes imágenes que se suceden en el interior de las mazmorras de la fortaleza escarlata de Khorshemish.

Los amantes de la historieta ya conocerán aquella estupenda e inolvidable primera versión firmada en los años 70 por Roy Thomas y Frank Brunner en las páginas de La Espada Salvaje, pero tan notable ejercicio palidece frente a esta superlativa revisión de Timothy Truman y Tomás Giorello, quienes cargan las tintas en todo lo que de howardiano tiene el relato. Apoyado en los colores de José Villarrubia, Giorello se afirma página a página como uno de los grandes ilustradores de Conan, y Truman, soberbio de principio a fin, lleva años demostrando que su entendimiento del personaje es absoluto. El guionista se atreve variar los puntos de vista -aquí hace que el propio Conan narre la historia en primera persona-, juega con las motivaciones y explora aspectos inéditos del antihéroe, como su terror atávico a lo sobrenatural, su proverbial melancolía o su fanfarronería inacabable.

·firmadomisterj.blogspot.com

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