"Creo que la música clásica se aproxima bastante a lo que es la felicidad"

  • El Gran Teatro Falla de Cádiz acoge esta noche, a partir de las nueve, un concierto de la Orquesta Filarmónica de Transilvania dirigida por Inma Shara. El espectáculo está organizado por la Cope

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Inma Shara vive por y para la música clásica. Esta vasca es una de las pocas mujeres directora de orquesta y, además, de las más jóvenes. A través del teléfono, con su voz suave y sus amables maneras, transmite una gran pasión por su profesión.

-Está de gira con la Orquesta Filarmónica de Transilvania, ¿qué va a presentar en el Teatro Falla?

-El programa que vamos a interpretar es muy bello. Dentro de la gira que estamos haciendo con la Cope hay dos formatos, el de orquesta de cuerda, que es el que se lleva a Cádiz, y otro que es propiamente la orquesta filarmónica. El formato de la cuerda es muy elegante y entrañable, y el programa quizás no tiene la presencia de bombo y platillo, como digo yo, pero es exquisito y se ha escogido con mucho cariño. La primera parte es más íntima, invita a la reflexión, y la segunda es grandiosa. El concierto comienza con la Oración del torero, de Joaquín Turina, que, como su nombre dice, es lo que sintió Turina después de vivir los momentos previos a que un torero saliera a torear. Continúa con Crisantemi, una obra bellísima de Puccini, uno de mis compositores preferidos. Y la primera parte termina con las Danzas Rumanas, de Bela Bartok. Esto no es una casualidad. La orquesta es de Transilvania y, de alguna manera, es un homenaje a los músicos. La segunda parte es la Serenata para cuerdas, de Tchaikovsky, una de las obras más difíciles, técnicamente hablando, que se han escrito para cuerda, pero es apasionante. Y luego llevamos unas propinas que dependerá de cómo nos acoja el público de Cádiz. Ilusión no nos falta y ganas de transmitir emoción, tampoco.

-Entonces, viene a Cádiz con buen ánimo.

-Muchísimo. Además, es la primera vez que tengo la oportunidad de estar con el público de Cádiz y para mí es un placer. Tanto los músicos como yo estamos muy ilusionados porque lo que llevamos de gira está saliendo exquisitamente bien y esperemos que siga así, con una respuesta muy positiva del público.

-Habitualmente dirige grandes orquestas, ¿cómo es la experiencia de dirigir una más pequeña?

-Dirigir música es dirigir, en cualquiera de sus manifestaciones y formatos, y es maravilloso. Pero también es cierto que la dificultad a veces es añadida cuando son orquestas de cámara porque todo es transparente, todo se siente, es tan exquisito que realmente te exige una gran calidad técnica, un gran trabajo, porque cuando las orquestas son grandes, la cuerda, por ejemplo, queda solapada muchas veces por el metal y la percusión. Y esta orquesta es maravillosa, son unos grandes profesionales. Es una de las más importantes de su país.

-Hay muy pocas mujeres directoras de orquesta, ¿le ha sido difícil introducirse en este mundo?

-Te puedo decir que no hay nada fácil en nada, ni a nivel personal ni a nivel profesional, para nadie. Todo ser humano tiene dificultades. Pero lo que tiene la música clásica es que yo creo que se aproxima bastante a lo que es la felicidad, porque de verdad que te dota de una paz interior indescriptible, te transforma, te hace como volar. Realmente es algo maravilloso y eso es lo que contamos los músicos. Nosotros nos presentamos en Cádiz con la mejor de nuestras sonrisas musicales y en ese momento parece todo muy fácil, pero hay un gran trabajo detrás de cada nota, detrás de cada compás... Pero el aplauso del público es lo más gratificante que tenemos, es el motor, es nuestro alimento, y mientras lo tengamos, es fácil trabajar en esta profesión.

-Creo que es muy exigente y no tolera la indisciplina.

-Sobre todo, la falta de compromiso en todos los órdenes de la vida. Pienso que es mucho más emocionante ver a los músicos entregados, emocionados. Porque, en definitiva, dirigir una orquesta no es solamente hablar de música, sino que es hablar de comunicación entre seres humanos. Y cuando eso lo sientes, lo transmites al público y el público también siente esa sensación de unidad, es maravilloso, es emocionante. Porque la música clásica no es solamente ese caudal de sentimientos que evoca la música propiamente dicha, sino que la puesta en escena también es importante.

-En sus palabras transmite gran pasión por la música, ¿es ese el rasgo que más le caracteriza?

-Sí, sin lugar a dudas. La música es algo que te embruja, que te obsesiona en ocasiones. Y yo creo que esa es la magia.

-¿Qué siente cuando sube a un escenario?

-En cada concierto, por muchos que lleves, el respeto al público te genera cierto miedo escénico, cierta responsabilidad. Esos cinco minutos iniciales, cuando uno se sube al podio y va escuchando cómo va reaccionando la orquesta, es el momento que se va transformando la parte personal en la artística, en tanto que se trasforma la persona en arte. Es cuando empieza a nacer esa obsesión por la música, esa pasión. Pero bueno, uno no está exento de ser persona y de tener siempre un cierto miedo escénico.

-¿Piensa que en España se valora poco la música clásica?

-Pienso estamos asistiendo a una creación de auditorios, de infraestructuras musicales que sirven a la música clásica. Pero la música clásica debería ocupar un puesto prioritario en la formación de los niños, como ocurre en otro países. La música tiene muchísimos valores que forman, además, por supuesto, del placer puramente melódico... Pienso que transforma al ser humano porque es el lenguaje del corazón, el lenguaje de los sentimientos. Para mí, es el lenguaje universal por excelencia.

-¿Cuál es su máxima aspiración?

-En la parte artística, emocionar siempre al público. He tenido la oportunidad de dirigir grandes orquestas y me encantaría seguir haciéndolo porque evidentemente uno como persona es ambicioso. Pero para mí, la mayor ambición es no perder esta ilusión por la música y por emocionar y trasmitir felicidad a todo el que acude a un concierto. Y sentir los aplausos del público. De verdad que eso es lo más bonito y lo que quiero seguir teniendo, ese motor, esa ilusión y motivación para estar ahí con el público. Es lo único que quiero y que pido.

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