Corazón de oro

Comedia dramática, Francia-Bélgica, 2010, 90 min. Dirección y guión: Gustave Kervern y Benoît Delépine. Música: Gaetan Roussel. Intérpretes: Gérard Depardieu, Yolande Moreau, Isabelle Adjani, Miss Ming, Benoît Poelvoorde, Bouli Lanners. Cines: Multicines El Centro.

El tercer largometraje de Kervern y Delépine se instala en el mismo territorio de excentricidad proletaria de su anterior Louis-Michel, y sigue explorando la singularidad de los cuerpos de sus protagonistas, aquí un Gérard Depardieu que acarrea consigo todo su historial vital y cinematográfico, para lanzarse a las carreteras de la región francesa de Charente en una road movie atravesada por la melancolía, el humor negro, el absurdo cotidiano y una extraña suerte de romanticismo fantasmal materializado en las apariciones de Isabelle Adjani.

Mammuth cuenta la historia de Serge Pilardosse, un empleado de un matadero que, llegada la hora de su retiro y empujado por su esposa (Yolande Moreau), sale a la carretera con su vieja moto alemana en busca de papeles y certificados de viejos empleos que le ayuden a mejorar su paga de jubilación. Depardieu le presta todos sus kilos de más, sus manos de dedos grandes, sus movimientos lentos y su melena rubia para encarnar a un extraño, cobarde, apocado y entrañable prototipo del perdedor de corazón de oro que, en un último instante de lucidez y valentía, decide recuperar lo mejor de su pasado por un paisaje marginal que Kervern y Delépine ruedan desde el extrañamiento formal, en planos fijos o sostenidos y con las texturas granulosas de una fotografía que trasciende los límites del realismo social para apuntar a una precisa y socarrona estilización feísta.

De la misma forma, el viaje de Mammuth está trufado de encuentros con personajes igualmente insólitos y desplazados de la normalidad (su sobrina retrasada amante de la poesía y el arte, el tipo que busca metal en la playa, su tío onanista, la prostituta que se hace pasar por discapacitada) que acaban convirtiendo la película en un canto a la diferencia y la resistencia que bien pudiera funcionar como momentáneo antídoto cómico-grotesco, de una inocencia casi chapliniana, contra los abusos del capitalismo.

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