ARTE

Convincentes argumentos

  • La jerezana Julia Rivera presenta en la Casa Pemán una exposición, muy bien acondicionada en fondo y forma, con la que demuestra que ha sabido evolucionar

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Todavía tengo presente la primera vez que hablé con Julia Rivera. Era una jovencita, con la carrera de Bellas Artes recién terminada y con unas desmedidas ganas por hacer cosas distintas. Me mostró lo que, por entonces, realizaba - un ambicioso proyecto con el velcro como materia plástica conformante- y me entusiasmó su fuerza, su carácter y sus infinitas ideas -de lo que adolece, en aquellos momentos y ahora, el arte contemporáneo y sus hacedores-. Muy poco después, me fui enterando de los éxitos, de las exposiciones en centros artísticos de importancia, el reconocimiento y así hasta ahora -hace unos días, también, la vimos compartiendo escenario expositivo con Paco Almengló y Jorge Yeregui en la galería de Full Art de Sevilla en una más que significativa muestra con la ciudad como desarrollo estético y conceptual-. Esta comparecencia está motivada por el trabajo que le ha valido el Premio del XLIX Certamen de Artes Plásticas que patrocina Cajasol.

La exposición en la Casa Pemán -espero que recale en Jerez, la ciudad natal de la artista- nos conduce por unos desarrollos plásticos de muy amplia naturaleza -vídeo, fotografía y maquetas urbanísticas y arquitectónicas- donde se ponen en cuestionamiento diversas situaciones de la moderna situación existencial.

Lleva tiempo Julia Rivera interesándose por aspectos de la vida urbana, de las experiencias que acontecen en las grandes urbes, de sus espacios existenciales y de su abierta problemática. Ella realiza un profundo cuestionamiento de la vida en las grandes ciudades, insiste en los desarrollos humanos en torno a la necesidad de refugiarse en los macro centros comerciales para huir de esa injusticia social que reina en las sociedades industrializadas donde lo humano cada vez está en proceso degradante. Al mismo tiempo Julia Rivera manifiesta un interés por los espacios públicos, por la arquitectura, por las sociedades urbanas y su influencia en grupos que se sienten mediatizados por una realidad que cuestiona y ejerce una determinante influencia en el discurrir existencial de la gente.

En Shall we… dance? (¿Podemos bailar?) la artista manifiesta un profundo análisis del espacio, en concreto en determinadas zonas ciudadanas, sobre todo de esos centros comerciales tan influyentes en su proyecto creativo. Existe una interacción total entre el movimiento espontáneo de la gente, la arquitectura y la propia situación humana predispuesta para cualquier desarrollo y fácilmente dirigible a cualquier circunstancia; en este caso determinada por el baile.

Non - City - CcS es su principal contenido conceptual. La vida en las grandes ciudades, la población que sólo posee un medio de escape y que se encuentra en los grandes centros comerciales hasta donde acude en busca de un poco de aire que lo aísle de tanta problemática circundante. Para ello es imprescindible la utilización de un coche todoterreno que le permita movilidad y que, en la actualidad, en zonas como Caracas, se ha convertido en todo un objeto de deseo imprescindible para esa tan ansiada supervivencia.

La exposición de Julia Rivera, perfectamente acondicionada en fondo y forma -muchos de los problemas que tienen este tipo de obras, en otros artistas, es que no están adecuadamente estructuradas-, nos permite un acercamiento significativo fácil, sin excesivos desajustes interpretativos y dejando al espectador con la clara conciencia de que se encuentra ante un nuevo desarrollo artístico, comprensible y lleno de sentido.

El nuevo encuentro con la obra de Julia Rivera nos sitúa en los estamentos de una artista que ha sabido evolucionar y encontrar los modos y los medios adecuados en una obra con carácter, amoldada a los tiempos y abierta a todos. Algo que no es nada usual en este universo artístico de muchas medianías.

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