Constatación de una realidad

A Pilar Estrade sólo le faltaba una cosa para estar en posesión del más completo patrimonio artístico: que ella sea consciente de que es artista y, por tanto, que lo que hace es digno de ser considerado, absolutamente, obra de arte. Su autocrítica es tan grande que no le permite ver la realidad que tiene delante del caballete. Pili Estrade ha sido pintora de muchas concreciones, pero ha sabido salir a tiempo de las restrictivas circunstancias que tales acciones imponen y adentrarse por los estamentos expresivos que le exigían su poderoso ideario estético. Con mucho criterio se dejó llevar por aquello que realmente planteaba su conciencia de pintora: la fortaleza de la mancha expresiva. Ahí está su verdadero valor pictórico, en el poder estructural de una pincelada sabiamente dispuesta para que ejerza su máxima función. Ella, que es afortunada acuarelista, sabe desarrollar, sin marcha atrás, la conformación exacta del golpe cromático para que este suscriba su determinación representativa, su poderoso desenlace expresivo. En esto es una artista de una indiscutible solvencia, de unas formas plásticas que la hacen estar en disposición de afrontar cualquier tipo de pintura dentro de las contundentes maneras que suscribe el expresionismo figurativo.

La obra de Pili Estrade ha ido quemando sucesivas etapas, depurando aspectos formales y buscando posiciones donde imponer su determinante credo plástico. La hemos visto construir sabiamente un paisaje con los más mínimos elementos, señal inequívoca de su manifiesta habilidad compositiva y de solvencia creativa; un reduccionismo que, poco a poco, se ve acentuado por simples esquemas coloristas que plantea un superior organigrama lleno de intensidad expresiva.

La presente exposición nos conduce por la sobrada pintura de una Pili Estrade valiente; apasionada constructora de un paisaje al que ha sometido hábilmente para que perdiese intensidad narrativa en beneficio de unas calidades visuales que se ven potenciadas por la gestualidad de una pincelada adecuada, exacta, determinante y absolutamente decisiva. Además, en la muestra que organiza la galería de Raquel Fernández y Jose Daza -novena en este su primer año de existencia; todo un lujo-, nos encontramos, además de ese espectacular apasionamiento formal en la descripción de la naturaleza, unos cuadros protagonizados por grupos de casas donde, a veces, se afianza el planteamiento formal hasta límites insospechados, mientras otras, se hace un riguroso análisis de la realidad llevando a ésta a mínimas posiciones; lo que consigue en una pieza definitiva: Homenaje a Staël que, desde su mínimo planteamiento compositivo, llega a conseguir poderosas cotas de máxima expresión.

Nos alegramos infinitamente de esta exposición en solitario de una Pilar Estrade en posesión de una pintura que ha ido ganando en fondo y forma, en presencia y en contenido; que se ha ido despojando de todo aquello que no le hacía falta para crear una obra de gran pureza pictórica. Ahora todo lo que hace está dotado del máximo rigor creativo y del más abierto sentido artístico. Los que, desde un principio sabíamos de su contundencia artística, lo que nos ofrece en esta exposición no nos supone novedad alguna. Lo que nos encontramos en la galería de la calle San Pablo es lo lógico en una pintora que sabe muy bien, aunque ella no se lo crea, lo que tiene entre manos y cómo hacerlo felizmente artístico.

Galería Fedartejerez

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