Conciliando los registros del tiempo

CAAC SEVILLA. 'No ver, no oír y callar' SEVILLA

El Centro Andaluz de Arte Contemporáneo se puso en marcha hace 25 años. Nació de forma controvertida poco después de la Exposición Universal de Sevilla de 1992. Su germen sería la colección de aquel Museo de Arte Contemporáneo que existía en la ciudad. Su ubicación también levantó polémica. Primeramente se pensó en las céntricas Reales Atarazanas para, después de haber comenzado una incipiente y costaso remodelación de las mismas, buscar lo que había sido el Pabellón Real durante la EXPO, antigua fábrica de loza de la familia Pitman y vieja Cartuja de Santa María de las Cuevas. El CAAC nacía como buque insignia del arte contemporáneo andaluz, tras varios años buscando su identidad, con la llegada de Pepe Lebrero a la dirección y, actualmente, con Juan Antonio Álvarez Reyes, el espacio artístico que existe en la Isla de la Cartuja sevillana ha encontrado su camino y se está abriendo, primero a Sevilla, de la que estuvo durante mucho tiempo muy alejada, a pesar de la poca distancia del centro histórico hispalense, y a todo el arte que se hace en Andalucía. Con un trabajo serio y edificante, se ha llegado a estos veinticinco años para cuya celebración se ha convocado una serie de exposiciones, No ver, no oír y callar, José Ramón Sierra, María Cañas y esta que ahora nos ocupa, que yuxtapone el pasado y el presente mediante una serie de obras, perfectamente implicadas en el tiempo y en el espacio, existentes en la colección de arte contemporáneo del CAAC y otras que forman parte del patrimonio de la antigua Cartuja de Sevilla.

Mediante la clara intención de establecer un diálogo en el propio espacio donde se encuentran establecidas, las obras ofrecen diálogos e interacciones entre las antiguas que existieron en el monasterio cartujo y las que componen la actualidad museística de un Centro Artístico que, debido a sus determinantes características históricas, ofrecen infinitas posibilidades para que el ayer y el hoy confundan sus intenciones plásticas y estéticas. Obras que han sido rescatadas del tiempo y algunas devueltas a su espacio original, como la sillería del coro del siglo XVII que realizara Agustín de Perea y Juan de Valencia y que comparte su antiguo lugar de la iglesia con vídeo-instalaciones de Andrea Blum, vídeos de Pilar Albarracín y Andreas Fogarasi, así como una instalación de Reinhard Mucha. Muy significativo es el diálogo eterno que transcurre en la Capilla de Colón entre las pinturas de José Manuel Broto y las esculturas policromadas barrocas de Pedro Duque Cornejo, así como el existente, en la Capilla De Profundis, allí donde los cartujos velaban a sus hermanos fallecidos, entre el maravilloso Calvario de Isidro de Villoldo, de 1560, y la pieza de Antoni Tapies en homenaje a San Juan de la Cruz, obra que tiene el honor de ser la primera que formó parte de la Colección del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Extraordinaria la gran pieza, Celda de Louise Bourgeois, inquietante, envolvente, impresionante. Muy importante asimismo, la gran escultura floral de Cristina Iglesias. Por último, la presencia granadina se hace presente en el antiguo refectorio del monasterio con la gran instalación de Valeriano López, Paseo de la Bomba, esa intervención llena de ironía y doblez que el artista lleva a cabo con cerámica de Fajalauza y que comparte ese diálogo con vasijas antiguas existentes en la en otrora Cartuja y, más tarde, fábrica de loza Pitmann.

Se trata de una exposición importante que, como las demás que conmemoran los veinticinco años de la inauguración del Centro, nos llevan por lo mejor del arte contemporáneo, ahora yuxtaponiendo presente y pasado en un mismo espacio expositivo.

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