Compromiso de por vida

Hace un año, cuando la 41 edición de Alcances calentaba motores, la comunidad documentalista internacional se vio sacudida por el asesinato de uno de sus miembros. Se trataba de Christian Poveda, muerto a tiro limpio en El Salvador por sujetos a los que no gustó nada que en su último film, La vida loca, metiese los dedos hasta el fondo en el sangriento fenómeno de las maras, las pandillas salvadoreñas que dejan a sus homólogas estadounidenses en mantillas en cuanto a crueldad y violencia. En nuestra gala de inauguración se hizo entonces una mención y esta noche tenemos la suerte de arrancar la 42 edición con la proyección de este título.

Y es que esta muerte demuestra el grado de implicación y compromiso que alcanzan los documentalistas y el riesgo que asumen con sus trabajos. Poveda era un ejemplo como persona y profesional del mestizaje que vive el género al que Alcances lleva cuatro años dedicándose. Nació en Argelia, pero sus padres eran republicanos españoles exiliados. Cuando tenía seis años, su país natal alcanzó su conflictiva independencia y la familia se trasladó a París. Empezó como fotógrafo, destacando sus reportajes gráficos sobre el Sahara -con lo que rima con uno de nuestros ciclos temáticos este año- y otros eventos como la invasión de Granada en 1983. Siguió el camino de muchos fotógrafos con vocación documentalista, a los que la imagen estática empieza a saberles a poco y pasó a los documentales en 1990. El film que le costó la vida le llevó 16 meses de trabajo, y es uno de los más estremecedores testimonios rodados en los últimos años.

Es este nivel de implicación el que ha hecho del género documental el más arriesgado y osado de la cinematografía actual. No sólo porque como Poveda entren en temas conflictivos con riesgo de su vida, sino porque cada vez los jóvenes directores lo usan más como medio de expresión. Frente al hartazgo de una ficción muy encorsetada a veces en patrones demasiado industriales, el documental se ha convertido en terreno de experimentación. Pero por otro lado no ha renunciado a su primigenia vocación de testimoniar y divulgar realidades, más o menos ocultas a nuestros ojos. Es lo que intentamos equilibrar en la programación de Alcances. El documental más vivo y creativo se halla en las 33 propuestas de la sección oficial a concurso, y los ciclos temáticos recogerán la divulgación de las cuestiones planteadas este año. Un camino de evolución y compromiso que nos marca nuestra propia ruta como festival, apostando por lo novedoso a la vez que manteniendo el interés del público gaditano. Poveda es un referente, así como el otro gran recordado de esta noche inaugural, José Manuel Marchante, vinculado a Alcances durante el primer cuarto de siglo de vida del festival, de los cuales 13 fue director. Una noche pues donde dos grandes personalidades, cada cual en su terreno, nos recuerdan lo que es el grado de compromiso y amor con el cine, tanto en la dirección de filmes como en la divulgación a todos los niveles. Que ellos nos den fuerza hoy para afrontar la 42 edición del evento de la caracola.

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