Cómic-bodrio

EEUU, 2011, Thriller fantástico. 107 min. Dirección: Kevin Munroe. Guion: Thomas Dean Donnelly, Joshua Oppenheimer (Cómic: Tiziano Sclavi). Música: Klaus Badelt. Fotografía: Geoffrey Hall. Intérpretes: Brandon Routh, Sam Huntington, Anita Briem, Peter Stormare, Taye Diggs, Kurt Angle. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, Ábaco San Fernando, Jerez. Yelmo.

Otro cómic llevado al cine por un realizador en cuya tarjeta de visita solo figura un título: Tortugas Ninja jóvenes mutantes. Estimulante. El autor del cómic es Tiziano Sclavi (muy admirado por los admiradores de estas cosas) de quien leo que es editor, historietista, novelista, compositor de canciones, poeta y creador de concursos de televisión. Más estimulante todavía. Creó su personaje Dylan Dog en 1986 y el laureado director de la ya citada Tortugas Ninja jóvenes mutantes lo lleva ahora a la pantalla en versión americana, porque hace ya casi 20 años el cine italiano lo hizo con Mi novia es un zombi (título italiano, más digno: Dellamorte Dellamore). Continúan los estímulos.

El detective Dylan Dog (los supuestos homenajes/préstamos/copias de otros géneros nos condenan a una pomposa voz off narrativa tomada del cine negro americano) ha dejado de cazar monstruos con tal eficacia que sus propios enemigos lo nombraron juez y policía de su monstruoso universo paralelo. Ahora se dedica a adulterios. Pero un nuevo caso y el asesinato de su colaborador -sabido es que no hay oficio más letal que el de socio o amigo de un detective- le obliga a enfrentarse a unos hombres lobo que nos devuelven, en lo que al maquillaje se refiere, a los tiempos de Paul Naschy. Después aparecen zombis memos y vampiros saltarines. Y nos enteramos de que Nueva Orleans es una ciudad llena de no humanos y no vivos. Como el Hollywood de estos últimos años. Cine barato y malo, mal interpretado y peor dirigido, que no debía ni estrenarse.

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