Cierre gótico al ciclo de Música Antigua

No son frecuentes por estos pagos los conciertos con música del período gótico, aquel que se denominó Ars nova (siglo XIV y XV), y que dejaba atrás al canto gregoriano y a la etapa caballeresca de los juglares, trovadores y minnesinger del Románico; tiempos de la viola, el laúd y la dulzaina en lo instrumental, y del romance, el virelai y las lamentaciones en lo vocal. En el estilo gótico las formas eran otras, distintas y apoyadas en una polifonía que poseía ya un alto grado de consolidación, resultando de ello una música que proclamaba la supremacía de la voluptuosidad sobre la razón, pues no en balde el Renacimiento se encontraba cercano ya.

Importantes músicos de aquel tiempo se encontraban en el programa que el grupo L' Albera nos propuso el sábado en el Oratorio de San Felipe; entre ellos Francesco Landino, Gherardello da Firenze, Hildegarde von Bingen y Anthonello da Caserta. Los dos primeros fueron representantes máximos de aquel momento histórico. Con Landino, músico ciego, natural de Florencia (1325-1397), termina en Italia el gran movimiento del Ars nova. De entre su producción, de más del centenar de obras, escuchamos la balada Amor c'al tuo sugetonn; interesante página que contribuyó, junto a otras, a impregnar de atmósfera medieval la velada. De Gherardello da Firenze se interpretó una de sus páginas más conocidas, la caccia Tosto che l'alba, un canon de escritura contrapuntística cuyas partes entran sucesivamente, y en la que cada una repite la misma figura melódica de la primera voz. Un alarde técnico de la época.

Como parte de un friso (el del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, por ejemplo) parecían los cuatro músicos de L'Albera con sus instrumentos medievales en ristre, que no en balde la viola, el arpa gótica, el órgano portativo y los panderos que se utilizaron, eran los mismos que aparecen en el frontal de la iglesia santiagueña.

Voz sumamente flexible a la hora de matizar fue la de Carole Matras, francesa ella, que construyó un fraseo de gran elegancia y finura. Sus versiones fueron más líricas que dramáticas, tal requerían las obras, criterio que trasladó a sus interpretaciones con el arpa. Eficaz fue la intervención de Carles Budó, órgano portativo, que vino a ser como un bajo continuo que dio profundidad y base armónica a la melodía. Sara Parés, flauta de pico, tuvo momentos de gran lucimiento. En nuestra memoria queda su solo Tre fontane, anónimo de un manuscrito inglés que fue de las obras más aplaudidas de la velada. Justa, somera y precisa fue la percusión que utilizó Miriam Encinas, dejando para sus intervenciones con la viola procedimientos de más calado…

Los aplausos, vacilantes en un principio, acabaron siendo fuertes y prolongados, a tono con la calidad del concierto. En definitiva, fue un programa con resultados interpretativos de categoría, más que apropiado para clausurar el octavo ciclo de Música Antigua de Cajasol.

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