A El Cid se le va un gran toro y tampoco funcionan Juli y Perera

  • La lidia de los tres primeros toros transcurrió en una protesta unánime y hasta en la refinada sombra, la gente del clavel se divirtió batiendo palmas de tango

Corrida de pocos argumentos de parte de los toreros, con un Cid por debajo de un buen toro, mientras que El Juli y Perera tampoco resolvieron con toros escasos en algunos aspectos pero suficientes para haber salido adelante.

Era el cartel de la feria. Lo atestiguaba la presencia del rey. Y la reventa -qué ruina este año- por fin pudo hacer caja. Muchas caras guapas, como demanda tanta expectación. Pero no pasó casi nada. Lo de siempre en citas como ésta.

Se equivocaron los tres toreros, o sus mentores, y con ellos la empresa, o todos juntos. Esta especie de Fuenteovejuna del toreo que conforman las llamadas figuras, que no aprenden y vuelven a caer cada año en el mismo error anunciándose con una corrida que, sí, venía seria por delante, pero con toros sin el suficiente remate. El sector crítico de la plaza, el 7, se enfadó, y con razón. No hay cosa peor que darle argumentos a la intransigencia. La lidia de los tres primeros toros transcurrió en una protesta unánime. Hasta en la refinada sombra, la del clavel, se divirtió batiendo palmas de tango.

Los gritos que reclamaban "¡tooo-ros!", o "¡fuera del palco!", y los "¡miaus!" que ponían eco a lances y muletazos, transformaron la plaza en un gallinero. Así no se puede torear. Pero la culpa era de ellos. Y en el castigo, la penitencia. ¿Porqué no vinieron con una corrida como Dios manda?

A José Tomás se le censura precisamente su especial predilección por la ganadería de ayer, y sin embargo, el año pasado, cuando sus dos gestas en esta misma plaza, mató dos señoras corridas de toros-toros. No se le ocurrió anunciarse con los cuvillos, que se reserva para plazas menores. Y no sólo ahí han fallado los tres espadas: se han visto desbordados por el ambiente en contra.

El Juli, tenaz y sin brillo en el flojo primero, toro que repetía pero sin llegar al final. El cuarto dio mucho de si a pesar de venirse también abajo. Y en lo que duró el toro no se ajustó el torero lo suficiente, vaciando las embestidas hacia fuera, sin redondear.

Peor fue lo del Cid, que en su primero se acopló bien por el lado derecho, descentrándose después conforme menguaban las fuerzas del toro, y es que le exigió demasiado. Y no dio la talla en el jabonero quinto, el toro de la tarde, bravo y con ritmo, codicioso y con clase. Toro con mucho motor, que fue lo que desbordó al sevillano, que se limitó a acompañar las embestidas. Sin quedarse quieto, sin templar ni mandar, finalmente ganó el toro la partida.

Perera tampoco tuvo su tarde, aburrido en su primero, que no fue toro propicio. Pegó muchos muletazos, en algunos trayéndoselo cosido, la mayoría limpios, pero sin decir nada, ni siquiera en un sucedáneo de arrimón final. El sexto prometía pero enseguida empezó a tardear, y sólo fue posible los pases espaciados. Muy seguro el torero hasta que terminó negándose el toro. Y es que no lo midió lo suficiente, exigiéndole mucho de principio.

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