Charles Esdaile revisó en San Felipe el mito de la Independencia

  • El historiador cerró el encuentro desmontando muchos de los tópicos de la guerra contra el francés: "Los levantamientos -afirmó- no se produjeron por patriotismo"

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"Da cierto apuro desmontar el mito del pueblo unido precisamente en el Oratorio de San Felipe", comenta, poco antes de su intervención, el historiador Charles J. Esdaile.

Un mito -el del pueblo español unido frente al francés- que se fomentó de alguna forma en las Cortes de Cádiz: "La Constitución del 12, de hecho, es una especie de premio a la resistencia de los españoles: si eso había sido una guerra del pueblo, había que darles algo a cambio. Pero en realidad -insiste Esdaile- era poco más que una fábula para justificar la reforma revolucionaria".

La fábula de la lucha popular servía tanto a liberales -los españoles querían hacer ser libres-, como a serviles -los españoles luchaban por Dios, patria y rey-. "Esta teoría incluso les serviría de excusa a los franceses para explicar su derrota", apunta Esdaile.

La realidad es mucho más compleja. En 1808 sí se produce una reacción que podría tener algo de movimiento pero que no dura más de dos meses y que se deshace en cuanto tratan de darle consistencia: "Las autoridades tuvieron que imponer la quinta en toda España y se dieron numerosas fugas, deserciones y automutilaciones. En los archivos de Madrid, hay cartas que dicen 'Si los frailes quieren una guerra, que luchen ellos y nos dejen en paz'. Se realizó una enorme propaganda para persuadir al pueblo de esa guerra", comenta.

Los levantamientos no se produjeron por patriotismo. Estaban animados, sobre todo, por un resentimiento y un temor añejos: "A la pobreza estructural, se habían ido añadiendo una serie de catástrofes naturales. Sequías y heladas, epidemias de fiebre amarilla. La guerra con Inglaterra bloqueó el comercio. Hubo un terrible terremoto en Granada. En Murcia se rompió la presa del Segura. En Segovia hubo una plaga de langostas. Parecían maldiciones bíblicas en toda regla. Y, ¿quién había provocado esa furia divina? Godoy, por supuesto. Godoy y sus reformas".

"Fernando VII era un rey títere que convenía a los que querían hacer retroceder los avances ilustrados -explica el historiador-. El motín de Aranjuez fue un golpe de estado para ponerlo en el trono. A ellos les interesaba la guerra. También a algunos liberales y a los oficiales del Ejército que querían prosperar. Y a los aventureros. Todos ellos organizaron el movimiento que provocó el alzamiento".

"Hay que tener en cuenta que el Gobierno oficial, el 2 de mayo, conminó a la gente a que se fuera a su casa -prosigue Charles Esdaile-. Fue muy fácil soliviantar al pueblo. Pero cuando se dieron cuenta de que en la Juntas seguían los de siempre, se desinteresaron".

Otro tema a desmontar es el de los voluntarios: "Los levantamientos -indica Esdaile- se produjeron en una época de parón agrícola. Muchos vieron que ser voluntario era una buena forma de hacer dinero a cambio de desfiles y guardias. Sin contar con la búsqueda de traidores y los jugosos registros".

La guerrilla, otra de las estampas de la Guerra de la Independencia, también ofrece una imagen distinta a la que ha remontado hasta hoy: "Estaba integrada, en muchos casos, por miembros del Ejército. Los bandoleros actuaban en toda España sólo que, si mataban a un francés, se les consideraba patriotas".

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