Chano Domínguez y Niño Josele, unidos en un disco que sale en junio

  • 'Chano & Josele' es el título de este trabajo conjunto entre el pianista gaditano y el guitarrista almeriense

Tanto Niño Josele, nacido en 1974 a la vera del Mediterráneo, como Chano Domínguez, que creció desde 1960 a orillas del Atlántico, han bebido del flamenco y se han empapado de jazz. Cada uno por su lado. Y cada uno a su aire. Pero a partir del próximo 17 de junio el guitarrista almeriense y el pianista gaditano estarán juntos en Chano & Josele, un disco producido por los músicos andaluces junto con el cineasta Fernando Trueba.

Chano, que a finales de los años setenta militaba en una referencia del llamado rock andaluz, el grupo Cai, antes de irse adentrando en el jazz con Hiscadix, heredó de su padre la afición al flamenco; Josele, descendiente de tocaores y cantaores, a quien el suyo puso una guitarra entre las manos con seis añitos, ya andaba por los treinta cuando descubrió al pianista Bill Evans y se metió de cabeza en el jazz, en un amoroso aprendizaje de armonías y progresiones, que le ha llevado a tocar con Phil Woods, Chick Corea, Marc Johnson...

Dos universos con múltiples puntos de coincidencia que explotan, para sastisfacción del aficionado, con esta propuesta musical compuesta por once temas, que ha sido grabada por Kiko Caballero (Can Puigdemir, Vallgorguina, Barcelona) en enero de este año, mezclado por Jim Anderson (Avatar Studios, NYC) en abril y masterizado por Alan Silverman.

Un disco, Chano & Josele, del que ya se puede escuchar el adelanto, Django, del pianista del Modern Jazz Quartet John Lewis, y en el que hay mutuos regalos de ida y vuelta como ese Alma de mujer, composición de Chano Domínguez que Niño Josele toca en solitario con su guitarra Vicente Carrillo -la que le regaló Paco de Lucía-, y ¿Es esto una bulería? que enfrenta a solas el pianista de Cádiz y que lleva la firma del guitarrista de Almería.

La mano de Trueba -también productor ejecutivo con Nat Chediak- se nota en el repertorio. Su huella está en una selección de obras brasileñas que nunca resultan obvias. Por ejemplo, las dos delicadas composiciones del maestro Jobim, Luiza y Olha María. Y la Rosa, del ilustre Pixinguinha, recordada hace unos años por Marisa Monte, o la inesperada, y más antigua aún, de 1912, Lua branca, de Chiquinha Gonzaga, pionera de la música popular de Brasil y de las luchas por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Además, los músicos tocan al Michel Legrand de los Paraguas de Cherburgo -su J´attendrai- y Two for the road, pieza que Henry Mancini compuso para otra película de mediados de los sesenta. El disco se completa con Because, de Lennon y Mc Cartney, y Solitude in Granada, de Domínguez.

El 15 de julio arranca el primero de sus conciertos en el Festival de Jazz de Vitoria, para, el 19, estar en Almuñécar. Barcelona y Marciac (Francia) también son destinos del verano de los músicos que pasarán septiembre en Colombia para volver a España en noviembre ( Pamplona, Sevilla y Málaga).

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