César Camarero avala la solidez de la Cátedra Manuel de Falla

  • El prestigioso compositor madrileño diseccionó partituras propias, de Schoenberg y de Bach en el primer encuentro del Curso 2008 de Análisis e Interpretación

"Estoy sorprendidísimo". "El nivel de los alumnos es muy alto y las obras que han propuesto tienen una gran calidad. Para colmo, el ambiente es magnífico". Así de exultante se mostraba ayer el maestro César Camarero, Premio Nacional de Música 2006 y uno de los compositores más destacados de una generación prolija en grandes nombres, como José María Sánchez Verdú o Antonio J. Flores.

Camarero se despidió ayer temporalmente -volverán a reencontrarse a mediados de mayo- de sus doce alumnos del Curso de Análisis y Composición de la prestigiosa Cátedra Manuel de Falla, que se imparte en el Conservatorio de Cádiz. Sucede al compositor Mauricio Sotelo, que estuvo al frente del proyecto el curso pasado. "Creo que no exagero si digo que el Curso de la Cátedra Manuel de Falla es el más importante en este formato de cuantos se imparten en España, está muy bien concebido. No es un seminario teórico, es mucho más: los alumnos reflexionan sobre distintos aspectos de la composición y la interpretación musical en el siglo XXI y tienen la ocasión de debatir sobre nuestro propio punto de vista como compositores". "De hecho", continúa, "gracias a ellos descubres que algunos sonidos, que parecían claros en la teoría, hay que matizarlos mucho más para lograr el efecto perseguido. No se quedan en la partitura, su análisis es mucho más potente y alcanza al sonido, a la praxis".

Y es que los jóvenes que participan en esta experiencia, además de revisar sus propias composiciones y proyectos, tienen la ocasión de estudiar obras de Camarero, un autor que comenzó sus estudios musicales en Nueva York y los continuó en Madrid con Luis de Pablo y Francisco Guerrero.

"En estos cuatro días en Cádiz, trabajando ocho horas diarias, hemos tenido tiempo también para estudiar algunos aspectos de El clave bien temperado de Bach y descubrir elementos sofisticados que están presentes tanto en la música barroca como en la contemporánea. También hemos revisado obras de otros períodos, como el Opus 19 de Schoenberg", añade a propósito de unos análisis que han contado con la ilustración musical de los solistas de Taller Sonoro. Y es que el conjunto residente de la Cátedra Manuel de Falla interpretó el pasado domingo fragmentos y secciones completas de las obras estudiadas, como Trayecto líquido y Poema a la memoria de Exiquio García Carbajo, de Camarero; Schattentheater II de Sánchez Verdú, la citada obra de Schoenberg y una pieza para voz y seis instrumentos de Morton Feldmann.

"En los últimos veinticinco años, en el extranjero están asombrados del altísimo nivel de ejecución y composición que se da en España. Hay mucha gente de la generación de mis mayores, como Luis de Pablo, que dice que en la mía vuelve a haber tanta calidad como en la época dorada de la música barroca española. Así que en esta generación que representan mis alumnos de Cádiz llueve sobre mojado", reflexiona sobre unos jóvenes cuya preparación, condiciones y entrega no cesa de elogiar.

De Camarero, en cuyo catálogo predomina la música de cámara, pudimos escuchar en la última edición del Festival de Música de Cádiz la obra que compuso para la Sinfónica de Sevilla, Vanishing Point. Ahora ultima una pieza para el grupo andaluz Taller Sonoro que se estrenará en abril en el ciclo de Música Contemporánea de Sevilla. "Está inspirada en la obra del poeta japonés Santoka, es una música muy zen", señala. Su otro reto es el teatro musical: su adaptación del drama Los ciegos de Maurice Maeterlinck se estrenará en la Semana de Música Religiosa de Cuenca. "Es el mismo autor del libreto de Pelléas et Mélisande pero esta obra es mucho más dura, para públicos avisados", sonríe.

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