Carne escultórica

  • Arsenio Rodríguez no impone una rígida estructura formal, sino que estructura formas susceptibles de ser manipuladas

La muestra de Arsenio Rodríguez en la Sala Rivadavia de Cádiz nos supuso el feliz encuentro con un artista que aportaba frescura, mucha frescura, a los adormecidos horizontes de este arte, donde tan parecido es todo a todo. Allí nos topamos con una obra llena de originalidad, sentido creativo y festiva formalidad plástica. Fue todo un éxito de público y de comentarios de los profesionales. No era difícil adivinar que, en poco tiempo, la obra del autor gaditano tuviera su adecuada repercusión en los medios artísticos y recuperados para las galerías con acertado criterio. Es lo que han hecho Maru Redondo y Jack Neilson, sabedores de la fortaleza plástica, de la festiva originalidad y de los sabios argumentos creativos de un artista que va a llenar de contundencia artística el, ya de por sí, completo catálogo de artistas de la galería que se encuentra en la bella localidad serrana de Grazalema, uno de los pocos enclaves expositivos que siguen felizmente abiertos y apostando por un arte necesario que, quizás, pueda servir para contrastar las penurias existenciales.

La obra de Arsenio Rodríguez plantea, en un sentido estricto, una escultura tradicional en cuanto a estructuración plástica -manipulación de materiales formales a los que se les dota de entidad conformante-, sin embargo, el concepto artístico es de lo más novedoso y con un jugoso planteamiento formal. Los materiales son elementos cotidianos extraídos de ese cajón de sastre sin fondo que guarda las infinitas piezas de las muñecas infantiles. Con ellas, el artista gaditano compone un ejercicio escultórico lleno de sencilla plasticidad, argumentando que la obra artística no tiene por qué estar sometida a rígidos postulados ni a estrecheces estéticas. Arsenio Rodríguez consigue, al mismo tiempo, abrir caminos por donde la creación artística desarrolle formas novedosas atractivas alejadas de sujeciones fronterizas que coarten la libre disposición plástica.

Arsenio Rodríguez no impone una rígida estructura formal sino que estructura formas susceptibles de poder ser manipuladas para que ejerzan, a su vez, nuevas teorías escultóricas, nuevos episodios compositivos y nuevos registros visuales. Todo esto acentúa el carácter formal de una escultura realizada para aportar infinitos buenos matices.

De nuevo, la obra de este artista nos conduce por una novedosa dimensión, por unas rutas de festiva complicidad creativa, dejándonos claramente sumidos en un regusto de sabia formulación escultórica, alejada de tanta premisa intelectualoide como se requiere para un arte que nos parece más sencillo que todo eso.

Acierto, una vez más, de los galeristas de Grazalema en una programación abierta donde tiene cabida todo tipo de buena manifestación artística.

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