Cante desde la cima de la negritud

  • Pitingo arranca emociones el miércoles en el recinto de Puerto Sherry entre quejíos flamencos, fiesta gitana y dosis de 'Soulería' con un espectáculo breve pero intenso en el que conviven los ritmos de raíz

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Bendito truhán aquel que con los colores de su voz es capaz de atravesar el alma del ser humano. Bendito tahúr este Antonio Pitingo que juega a despistar al público y coloca en medio de la cálida luz de Puerto Sherry la garganta a ratos cavernosa, a ratos brillante, de eco misterioso y siempre con elegancia de su prima La India como telonera, para dejar patente que la tierra del flamenco con retales mestizos está abonada para mucho tiempo.

Y bendito este alquimista de los sonidos de raíz que, tras los cuatro temas que interpretó con desgarro su bella predecesora de melena al viento y encantada de ofrecer "un trocito de mi disco y de mi yo", asoma su cresta flamenca entre el humo y las caras de un patio de butacas jalonado de variopinta y entregada audiencia.

Hombres, mujeres y niños -alguno cortando la leve brisa con el famoso flequillo 'pitinguero'- se dan cita en el casi repleto recinto y sofocan calor e impaciencia como pueden, al son del toma que toma.

La música impone su ley y algunas féminas de cabellera rubia se arrancan a bailar el I say a little prayer for you que viene de los altavoces, a modo de plegaria para que los duendes del compás empujen al cantaor onubense al escenario.

De elegante chaqueta y con pantalones vaqueros emerge tarde, en las horas brujas el juglar del flamenco oscuro, Pitingo, fielmente acompañado del maestro Juan Carmona de blanco diáfano.

Su voz explota con martinete a capela y el timbre queda suspendido en una corta travesía hasta que el desgarro soul le sale solo y deviene clásico en el Georgia on my mind de Ray Charles, porque a él "le ha apetecío".

Al ritmo acompasado del cajón y las palmas, este pícaro dueño de las emociones llamado Pitingo vuela de la mano del toque melancólico con sello Habichuela ("¡Qué manos Juan!", le jalean) y grita un "¡viva el Puerto señores!". Vuelve loco al respetable a ritmo de Soulería, sacando del baúl de la memoria la inmortal A tu vera, tan tan cerquita de la gente que le "da alegría".

Alegría de degustar esa Primavera de mis veinte años (Quisiera amarte menos), canción por bulerías que le escuchó a una prima de Raimundo Amador un día y que muestran los escasos veintitantos años de su voz antigua y nueva a la vez, agrietada y dulce para coronar las cimas flamencas de la negritud, heredera de los emperadores del cante pero repleta de savia fresca y aires de Nueva Orleáns.

Interludio de copla flamenca con desparpajo impagable y quiebro solemne del príncipe calé Fernando Soto interpretando A que no te vas. La gente se quedó.

Bendito malabarista del 'feedback' es Pitingo que jugó divertido silbando el Don't worry, be happy de Bobby McFerrin mientras los aficionados contestaban risueños a su llamada y a su advertencia: "quien se adelante cantando sale mañana en Youtube", decía dispuesto a compartir "un ratito bueno".

Sus bulerías negras revisten de blancas sonrisas al público y se lo lleva De Ayamonte a Mississippi, cruzando el Atlántico sin elevar anclas del suelo de esta tierra que "quita el sentío".

Y ahora soleá mezclada con otra cosa, un "rebujito bueno" de madre gitana y padre payo, que aterriza en una letra popular A Fernanda de Utrera y se engancha del What a wonderful world de Louis Armstrong, con la facilidad de un funámbulo suspendido en la cuerda de una guitarra.

Fandangos de su tierra, Huelva, alosneros y "pitingueros" para llevarse a los corazones en pie y que le lluevan desde las butacas hasta sombreros.

Toque cadenciosos y punteo firme de guitarra, quejíos de melancolía y pellizco en Gwendolyne y otro poquito de bulerías, jaleos extremeños y soulería, Pitingo y ... "¡El Puerto!", claman las gradas desde la emoción y el contesta con la letra "si vas por Cai, pasa por El puerto de Santa María".

Pitingo pasa, y manos en las caderas su voz aguerrida canta con gestos de presumido dandi Mamy Blue para jurar desde la gota de sudor que le recorre la mejilla hasta sus pies bailones que no hay mejor sonido que el de la Familia Habichuela.

Bendito cóctel éste que va in crescendo desde Yesterday de The Beatles hasta Killing me softly de Roberta Flack y con brío levanta los cuerpos del proscenio hasta New York, New York de Sinatra que encuentra en el rascacielos de su éxito la apoteosis final.

Llega la fiesta por bulerías, donde la estirpe del flamenco: el tío Juan Habichuela -celebrando su cumpleaños-, Juan y Antonio Carmona, Rocío la Turronera, las Bautista y de nuevo La India, se unen a "pegarse una pataíta" al baile, al filo de las dos de la madrugada y los sentimientos satisfechos. En las enciclopedias del buen gusto musical, Pitingo merece una entrada.

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