Crítica de Cine

Buscando el Oscar desesperadamente

la verdad duele

Drama, EEUU, 2015, 123 min. Dirección y guión: Peter Landesman. Fotografía: Salvatore Totino. Música: James Newton Howard. Intérpretes: Will Smith, Gugu Mbatha-Raw, Alec Baldwin, Eddie Marsan. Cines: Bahía de Cádiz, Bahía Mar, San Fernando Plaza, Al Andalus, Las Salinas, Yelmo, Odeón.

El bueno de Will Smith, un tipo simpático con orejas de soplillo, ya no sabe qué hacer para que le den un Oscar. El pobre tiene cara de comedia y es sabido que para obtener uno hay que sufrir muchísimo, ya sea por causas ambientales (véanse los padecimientos de DiCaprio en la sobrepremiada y sobrevalorada El renacido) o físicas y mentales (hacer de discapacitado casi garantiza una estatuilla). Y si uno se maquilla o hace visajes hasta desfigurarse, mejor (vuelvo a DiCaprio echando espumarajos por la boca o me remito al Hawking de Eddie Redmayne en La teoría del todo premiado el año pasado). En los últimos 40 años sólo cuatro actores -Dreyfuss por La chica del adiós, Nicholson por Mejor, imposible, Benigni por La vida es bella y Dujardin por The Artist- han logrado conquistar el Oscar interpretando comedias. Y no se olvide que no todo eran jajás: sus personajes eran actores deprimidos, un majareta obsesivo, un internado en un campo de exterminio o el intérprete de una película muda en blanco y negro. ¡La Academia no está para bromas!

Mira que para hacerse perdonar su cara simpática y El príncipe de Bel Air el hombre ha puesto voluntad interpretando dramas casi desde el inicio de su carrera cinematográfica: ya en el 93 interpretó el drama Seis grados de separación y hasta hoy Smith ha sufrido en Enemigo público, La leyenda de Bagger Bance, Alí -ahí lo rozó-, Dos policías rebeldes, En busca de la felicidad, Siete almas, Hancock o Focus. ¡Pues nada! Pesan más sus hombres de negro y otras comedias.

En La verdad duele el señor Smith, en vez de ir a Washington como el de Capra, pone rumbo al Oscar sin descuidar ni un perejil premiable por la academia. Es una historia verdadera y además de tema médico: un forense cree descubrir que los golpes recibidos por los jugadores de fútbol americano tienen consecuencias cerebrales que inducen al suicidio. A lo que se añade la siempre aplaudida cuestión de la solitaria lucha contra el sistema, en este caso la Liga Nacional de Fútbol Americano, y contra sus propios colegas para demostrar la verdad de sus investigaciones. Y, naturalmente, los padecimientos de los afectados. Para que no falte nada, el personaje es un inmigrante ansioso por ser un buen americano que va descubriendo que no todo es allí color de rosa. Como sucedió en la realidad, una intrépida periodista será su aliada en esta cruzada. Con lo que al tema médico y al de "solo ante el sistema" se le añade el del poder de la prensa como denuncia. No le falta de nada.

Además, Smith ha escogido a Peter Landesman, un director que debutó con una película histórico-hospitalaria, Parkland. ¿Quién da más? Pues ni por esas. Lo que el hombre logra es uno de esos correctos telefilmes de sobremesa con historia de superación y enfermedades. Smith está bien. Pero eso no basta.

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